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Puntos de vista viernes, 07 de agosto de 2020

ORLANDO DICE

Dos de dos

  • Dos de dos
Orlando Gil

 Como la caridad entra por casa, entre las cosas que prontamente deberá metérsele mano, ahora que se tratará de relanzar o for­talecer las relaciones entre Esta­dos Unidos y República Dominicana, una se­rá mejorar las sedes en Washington.

Dos vetustos edificios que datan de 1942 y que el tiempo cruel ha ido deteriorando de forma notoria: la embajada y la residencia del embajador.

Ambas piden a gritos un cambio desde ha­ce años y el gobierno del cambio que llega ahora debe ocuparse, pues la soberanía nun­ca debe olvidarse de la dignidad del hogar.

Los embajadores a su paso lavan la cara, como si el problema fuera de pliegues y se re­solviera inyectando botox. Quien más hizo fue Eduardo León, y en la época de Balaguer.

Aníbal de Castro, ya en la etapa del PLD, adecentó el sótano y en el área se crearon es­pacios de oficina, en particular el consulado. En la segunda planta funciona la delegación ante la ONU.

Gedeón Santos habría hecho el año pasa­do una remodelación muy moderna, sin es­critorios y con una mesa con computadoras compartida por el personal a cargo.

La real preocupación sin embargo es la re­sidencia, una situación que se padece, pero que a ninguna autoridad responsable apena.

Los presupuestos se quejan de que siempre los archivan, y los cancilleres, cuando cono­cen el área crítica, no reaccionan. Piensan -- al parecer -- que están visitando uno de los tan­tos museos de la ciudad.

El costo de la remodelación se acercaría al medio millón de dólares que puesto en pe­sos serían millones, y con las urgencias y las emergencias la nueva administración no po­dría darse ese lujo.

No obstante, existen opciones. El sector privado dominicano sufre vergüenza ajena cada vez que acude a dichos locales y estaría en ánimo de cooperar. Incluso hizo ofertas en el pasado.

Ahora sería una oportunidad, y tal vez no haya que tocar la puerta, sino dejarla entre­junta. Los empresarios sabrían cómo actuar, y estratégicamente sería una inversión.

Conviene ver la herida en el costado del Cristo resucitado.