FUNDACIÓN SALESIANA DON BOSCO

El pique de mi mamá

Luis Rosario

 No sé si te acuerdes de alguna vez que tu ma­má se enfadó contigo. Posiblemente no ha­brá sido en una ocasión, sino en repetidas veces.

En general, a nivel per­sonal, no recuerdo muchos momentos que haya podido causarle disgustos a mi ma­dre, pero si pienso que algo habrá contrariado alguna vez a quien me engendró, haciéndome sentir su enfa­do e incomodidad por todo el cuerpo.

Mi madre nunca me gol­peó, como sucede con fre­cuencia en el esfuerzo edu­cativo diario en la familia, pero me di cuenta de que su enfado algunas veces se sentía por encima de la ro­pa y había cosas que no le agradaban.

Realmente no hubo distan­ciamiento significativo entre ella y yo, pero si tuve que es­tudiar estrategias más finas para conquistar nuevamente el espacio alguna vez perdido en su corazón.

Le buscaba la vuelta de un lado, de otro y nada resulta­ba. Lo cierto es que ese pique lo experimenté una vez para siempre, pues un dolor tan grande deja huellas para toda la vida y caminé desde enton­ces con la conciencia en el alto para que no se repitiera una situación semejante.

Hoy en día, aun cuando el tiempo ha pasado y lo que lla­mamos madurez ha teñido de blanco los cabellos de mi cabeza, el golpe agrio y dul­ce me va montando para en­caminarme sin que el respeto reverencial renueve el pique traumático que me causó el bochorno de haber ofendido a mi madre.

Sin tal vez y sin quizás hace falta sentir el rubor de ver una madre que sufre por la mala conducta de su hijo. Así co­mo sentir la experiencia úni­ca que ocasiona a una madre que sufre por no haber sido adecuada Maestra de la cria­tura que engendró.

Siempre estamos a tiempo para corregirnos y dejar de re­petir acciones que molestan lo más sagrados sentimientos de quien ha hecho un esfuer­zo por traernos como un re­galo al mundo.

La educación hoy no es so­lo una tarea de las madres, si­no también de quienes con agradecimiento reconocen el esfuerzo de la maternidad y de educar también con un pi­que que duele, pero que corri­ge y hace que no se vuelva a meter la pata.