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Puntos de vista martes, 30 de junio de 2020

EL BULEVAR DE LA VIDA

La Cuesta y El carrito de Marchena

  • La Cuesta y El carrito de Marchena
Pablo McKinney
Pablo McKinney

 Aquí estamos, justo en el medio de un terrible valle de incertidumbres por­que, de los tres principales partidos políticos con alguna posibilidad, uno está seguro de que no puede perder; el otro está convencido de que ya ganó; y un terce­ro, sin posibilidad de vencer, participa casi feliz en el proceso porque lo suyo es hacer perder.

Todo esto dificulta un proceso electoral que ya se había complicado por la suspensión de las elec­ciones municipales de febrero, y sus efectos en la credibilidad de la JCE.

Además, en las elecciones del domingo está en juego la salida del poder de un proyecto político que ha gobernado 20 de los últimos 24 años y, al mismo tiempo, en juego está la llegada de otro pro­yecto que, aunque reciclado en su nombre y joven directiva, hace 15 años que los suyos sólo reciben “caricias de emergencia” del Presupuesto Nacio­nal, o ganan alcaldías, diputaciones, senadurías, pero esos no son vientos que tumban cocos. Así no hay pollo que llegue a gallo. Si de caricias de emer­gencia solo nacen amores de paso, (y siempre se vuelve al principio, ay), con miguitas del erario no se satisface el hambre de un partido con gran par­te de su militancia en olla, con sus financiadores in­versionistas, ahítos de cenas carísimas. Y es que, en política, como en el amor, ganar la batalla no es su­ficiente, hay que ocupar la plaza.

Lo que está en juego el domingo ya era suficien­temente grave, definitivo y definitorio cuando... “Entonces, llegó Fidel”, y no el Comandante, sino la pandemia que ha venido a pervertirlo todo y a convertir la campaña electoral y el mismísimo país en un solo Pandemónium de irresponsables, repli­cados por doquiera y por razones diversas. Cuando se llega al final de una campaña con tal escenario, y uno observa cómo la desesperación lleva a algunos a delinquir violando infografías ajenas, o difaman­do con manipulaciones burdas, entonces es el mo­mento de ofrecer un consejo no pedido: Compór­tese. Que la certeza de su derrota no le conduzca a mostrar sus peores intenciones y que, a falta de ra­zones, no le seduzca la indecencia. Tranquilos, que el domingo también pasará, y el próximo sábado nos encontraremos de nuevo manoseando libros sin Covid en Cuesta, o desayundo bohemios en “El carrito de Marchena”, en el Santiago de todas las primacías americanas... “como un corazón”.