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Puntos de vista viernes, 24 de abril de 2020

El bulevar de la vida

Quizás estamos a tiempo

  • Quizás estamos a tiempo
Pablo McKinney
El pasado miércoles asistimos a la puesta en funcionamiento del Centro de Comando, Control, Comunicaciones, Computadoras, Ciberseguridad e Inteligencia (C5i) del Ministerio de Defensa, un devaneo primermundista que conecta al Estado dominicano con el mundo del Big Data, un instrumento indispensable para la predicción y el diseño de estrategias a través del manejo de información. Con el uso del Big Data el Estado será capaz de conocer no sólo todo lo que está pasando en un sector, dígase frontera u hospitales, sino que, podrá, incluso, llegar a saber hasta lo que no ha ocurrido. Tan útil es, que con sus datos se ganan ya elecciones en Estados Unidos y se vence en plebiscitos a lo Brexit, en Reino Unido. El C5i es un maravilloso instrumento de trabajo, pero no basta para vencer al coronavirus porque para ganar esa batalla se debe transformar no solamente la disponibilidad tecnológica de un Estado, sino también y sobre todo la esencia existencial y la calidad ciudadana de sus habitantes. ¡Tarea pendiente! Como ocurrió la invención de la imprenta o la maquina a vapor, con el descubrimiento de América, las guerras mundiales o el 11-S, después del coronavirus nada será igual en el mundo. Tan malo es este bicho, que algo bueno va a dejarnos. Y es que gracias al distanciamiento físico que él nos ha impuesto, todos hemos tenido el tiempo suficiente para mirarnos de frente en el espejo, para cantarnos las verdades y contarnos con franqueza nuestras propias mentiras. Gracias al coronavirus, estamos aprendiendo a definir nuestras verdaderas prioridades: trabajo, educación, salud, el vino, los amigos, la bendita familia, las Paola de cada cual, y una mujer, ay, esa María Magdalena de cada quien, que ha sido de cada hombre el sueño. El asunto es sencillo: Si no cambiamos desaparecemos, perecemos como patria. Y cuando llegue el día y por tanta celebrada desvergüenza y tanta ciudadana irresponsabilidad explote el país en nuestras caras, nos iremos todos a la cola de la historia, a citar una vez más al machista bíblico de jeremías y, vencidos, ya en Miami, Madrid o el infierno, lloraremos como difuntos o exiliados lo que no fuimos capaces de defender como los buenos dominicanos que debimos ser y no fuimos... pero quizás estamos a tiempo. (“Sabrá Dios... uno no sabe nunca nada”).