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Puntos de vista domingo, 05 de abril de 2020

MIRANDO POR EL RETROVISOR

Un inesperado golpe del destino

  • Un inesperado golpe del destino
Juan Salazar
juan.salazar@listindiario.com

Quienes me han tratado de cerca saben que una de mis películas preferidas es "Golpes del destino" (Million dollar baby, el título en Inglés), estrenada en el año 2004.

Creo que en una anterior columna, pero con otro enfoque y en circunstancias muy diferentes a las que vive el mundo actualmente por la pandemia del coronavirus (Covid-19), escribí sobre la historia de Maggie Fitzgerald contada en esta película dirigida por Clint Eastwood, quien también actúa en este drama.

Maggie, representada por la ganadora del Óscar, Hilary Swank, le pide a Frankie Dunn (Clint Eastwood), cabeza de un viejo y destartalado gimnasio, que la entrene porque anhela ser boxeadora profesional con 31 años, una edad en la que incluso muchos pugilistas han "colgado los guantes" porque se trata de un “deporte” muy exigente.

Si decide ver este laureado drama sabrá por qué el padre de Maggie mató a un perro enfermo que ella tuvo cuando era niña al empeorar la salud del animal, muy similar a lo que ha ocurrido en algunos países europeos con ancianos infectados de Covid-19, a quienes les han retirado respiradores artificiales para colocarlos a personas con mayores oportunidades de supervivencia.

Pero no les contaré la película ni mucho menos ese impactante final que nos deja pensativos por el tema tan controversial tratado en el filme.

Si les adelantaré que Dunn se resiste a entrenar a Maggie por dos razones, primero por su condición de mujer y segundo por su "avanzada edad" para el boxeo, aunque termina haciéndolo por la insistencia y tenacidad de esta mujer que sueña con alcanzar la fama y dejar su trabajo como mesera de un restaurante.

La parte que quiero traer a colación en esta oportunidad sobre el filme ganador de cuatro premios Óscar, incluido Mejor Película, es como Maggie cambió a todos a su alrededor, especialmente a su viejo entrenador, a quien comienza a ver como el padre que ya no tiene, y al segundo al mando en el gimnasio, Eddie Dupris,  (representado por Morgan Freeman y quien es el narrador de los hechos).

Dunn es un veterano entrenador que nunca ha podido llevar a campeón mundial a ningún boxeador porque está obsesionado con la protección de sus pupilos. Imagínense la angustia de este hombre si trabaja con personas que dan y reciben golpes. Él vive también amargado porque recibe devueltas y sin abrir las cartas que envía a su hija ausente.

Dupris, exboxeador y asistente de Dunn, está resignado a la vida miserable que lleva en el descuidado y hacinado gimnasio, donde incluso duerme. Sin embargo, no olvida que en su última pelea (en realidad no fue la última, le invito a ver la película) pierde la visión de un ojo y el sueño de ser un acaudalado campeón mundial de boxeo.

En ese ambiente repleto de hombres que la discriminan por su condición de mujer y la edad, Maggie se afana por sobresalir y, los golpes del destino, incluido el desprecio de su propia familia, la convierten en una mejor persona, una mujer que no se atemoriza ante las adversidades, leal a sus amigos, solidaria, que derrocha dulzura pese a que parece una fiera sobre el ring, pero lo más importante, dispuesta a encarar cualquier riesgo en la persecución de sus sueños.

Ya lo han dicho otras personas y repetirlo sería como llover sobre mojado, esos golpes del destino, como el que nos presenta esta pandemia que abate al mundo, nos proporcionan al mismo tiempo la gigantesca oportunidad de ser a partir de esta experiencia mejores seres humanos.

Más solidarios y comprometidos con el dolor ajeno, menos indiferentes a las necesidades de los más vulnerables, con un enfoque distinto de las prioridades, más apegados a la familia, conscientes de que hay más satisfacción en dar que en recibir, anteponiendo el ser al tener, piadosos con los que sufren por una enfermedad y rabiosos protectores del bello planeta que es nuestro hogar común, para solo citar algunos cambios que podemos introducir en nuestro diario vivir.

Ojalá no olvidarlo cuando esta pandemia pase y volvamos a la rutina, libre del miedo y la incertidumbre que ahora nos acogotan y limitan tanto como seres humanos.

Mire a su prójimo de una manera diferente desde ahora, no arroje esta experiencia vivida en la oscuridad de la memoria, deje por lo menos en un rinconcito del baúl de los recuerdos aquellas cosas que tanto añoró en estos días de encierro y limitaciones, en los que también ha sido testigo de tanto dolor, sufrimiento e impotencia.

Sería una manera de salir diferente de este inesperado golpe del destino.


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