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Puntos de vista viernes, 03 de abril de 2020

DOSSIER DIPLOMÁTICO

En torno a la diplomacia hoy

  • En torno a la diplomacia hoy
Manuel Morales Lama
manuelmoraleslama@gmail.com

En la actualidad la política exterior constituye una manifestación de las prerrogativas fundamentales de los Estados. En tal contexto, a la diplomacia, como canal ejecutor de esa política, le corresponde, básicamente, armonizar el ejercicio de las prerrogativas nacionales con los propósitos y aspiraciones “de estructurar y preservar un orden internacional justo y equitativo”, por demás estable y pluralista.

Cabe recordar, que un rasgo peculiar del ejercicio de la diplomacia entre Estados consiste, en esencia, en salvaguardar y promover la imagen, prestigio e intereses propios, teniendo presente los del otro y con ello la debida “consideración y respeto”. Todo ello integrado convenientemente en los conceptos de comunicación y acción correspondientes.

Hoy las funciones del Jefe de Misión en las Embajadas (que intercambian los Estados) y en las Misiones Permanentes (destinadas a los Organismos Internacionales) evolucionan de acuerdo con los intereses y necesidades del Estado que le confía su representación.

Más allá de las actividades protocolares, existen preeminentemente funciones sustantivas de carácter económico (comercial y financiero), político (seguridad y defensa), cultural (educacional, científico y transferencia de tecnología).

Inequívocamente, los integrantes del Servicio Exterior de la Nación deben estar debidamente capacitados para tomar las medidas pertinentes en situaciones como las generadas por la actual pandemia COVID-19, en particular para asistir y proteger, apropiadamente, a los nacionales en el exterior (residentes permanentes o temporales). También deben saber gestionar y ejecutar todo lo concerniente a la cooperación y colaboración internacional en casos como éste y asimismo deben informar oportunamente sobre las medidas tomadas al respecto por el Estado receptor u Organismo Internacional correspondiente, entre otros asuntos de interés, en el marco de sus responsabilidades.

Sea cual fuere su punto de aplicación, conforme a lo que señala la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas, las funciones de una Misión Diplomática pueden agruparse en cuatro grandes categorías: la representación, la observación e información, la protección (de los intereses y de los nacionales del país que representa) y la negociación, “eje nodal de toda actividad diplomática”.

En cuanto al desarrollo de relaciones “amistosas”, los consabidos intercambios y el fomento de la cooperación, estos suelen ser el objetivo, o la consecuencia, del conjunto de tales actividades.

Para el apropiado desempeño de su responsabilidad resulta fundamental que el Jefe de Misión sea un genuino representante del Estado acreditante (de su idiosincrasia, cultura, honorabilidad y de sus niveles de superación).

Obviamente, al ejercicio de la representación se le otorga un coeficiente de valor como consecuencia del profesional desempeño del Embajador (Jefe de Misión), lo que suele redundar en beneficio del prestigio de la respectiva nación y del Mandatario del Estado “que lo envía”.

Es claro que todos los aspectos precedentemente señalados apuntalan al ineludible desarrollo de una “rigurosa” carrera diplomática y, como soporte de ella, una consistente formación de carácter multidisciplinar en los Centros Académicos de las Cancillerías. En esta formación debe primar el indispensable enfoque a la excelencia y el deber de dotar a los diplomáticos del país de los medios e instrumentos necesarios para la eficiente consecución de los objetivos y metas económicas, comerciales, y de otra naturaleza, de interés para la nación.


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