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Puntos de vista miércoles, 01 de abril de 2020

COLABORACIÓN

La guerra geopolítica entre EE. UU. y China

Felipe Vallejos M.

A finales del año 2019, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, le restaba importancia al brote del nuevo coronavirus, catalogado como COVID-19, detectado por primera vez en Wuhan, en la provincia de Hubei, en China. Tres meses después, el propio Trump protagoniza ruedas de prensa diarias, donde de paso, cataloga a la enfermedad como el “virus chino”.

En respuesta, Pekín ha movido la tesis de que el virus pudo haber sido obra de soldados norteamericanos, que participaron en los Juegos Militares de octubre del 2019 en Wuhan, según reseña en un análisis reciente el periódico español El País. Por igual, uno y otro han expulsado periodistas originarios de ambos países, evidente señal de que la disputa va más allá del interés genuino de detener el avance del COVID-19.

La neo “Guerra Fría”
Resulta más bien un nuevo capítulo de la “Guerra Fría”, hace décadas, entre Estados Unidos y la Unión Soviética; hoy, entre chinos y norteamericanos, por los mismos motivos – la influencia geopolítica global- solo que con distintos factores: un virus que ya es una pandemia, la búsqueda a contrarreloj de la cura y la obtención de la narrativa de “salvador del mundo”.

China, por razones obvias, comenzó a maltraer. Epicentro de la expansión del virus, se sucedieron las críticas por la falta de información, y su incapacidad de controlar el brote del COVID-19 más allá de sus fronteras.

Con el paso de las semanas, el virus se expandió por el mundo y obligó a los líderes más escépticos, entre ellos Trump, a ponerse a la ofensiva, superando la barrera del discurso sanitario.

Esto ha sido respondido por China con versiones de responsabilidad norteamericana, así como con muestras fehacientes de control de la enfermedad, que incluye cero nuevos contagiados, recuperaciones de los ya afectados y la disminución del número de muertos. En adición, y así lo retrató el embajador chino en República Dominicana, Zhang Run, se está probando una posible vacuna en pacientes voluntarios.

Estados Unidos no se queda atrás. Trump ha alimentado la tesis de que la hidroxicloroquina, una droga para tratar la malaria, así como para la artritis severa, sirve para combatir el coronavirus, al tiempo que se muestra optimista de que se fabrique una vacuna no antes del 2021.

Con Europa sumida en el avance del COVID-19, y Rusia disminuida en lo económico, con un Putin más abocado a encontrar un bajadero legal que le permita mantenerse en el poder, es Estados Unidos y China quienes se han hecho con el protagonismo de la crisis, la oportunidad en medio de la adversidad.