EL BULEVAR DE LA VIDA

La utopía en La Plaza

Ahora que desde la Plaza de la Bandera “se echó al mon­te la utopía”, es el momento de que los dominicanos nos enfrentemos de una vez al espejo de nuestras conductas y nos con­temos las verdades, sepultando nuestras mentiras.

Contrario a lo que pensaba Lincoln, con fakenews y posverdad uno puede engañar a todo el mundo todo el tiempo, incluso lle­gar al gobierno, pero lo que no puede hacer es engañarse a sí mismo ni un segundo. Y por que lo mucho hasta Dios lo ve, sólo era asunto de tiempo que ocurriera y ocurrió.

La suspensión de las elecciones munici­pales ha sido el novamás de una vieja crisis de arrabalización institucional y una cultu­ra política marrullera, que ha logrado crear un abismo de desconfianza entre ciudada­nos y clase política, lo que es grave, pues como explica el profesor Manuel Castells “la confianza es lo que cohesiona a una so­ciedad. Sin confianza el contrato social se disuelve (...)”.

La tozuda sordera de los señores llevó a la indignación, esta condujo a la acción y lo demás es historia porque está haciendo y siendo ya el futuro.

Los jóvenes de La Plaza no protestan contra un partido sino contra un sistema político que en agosto cumplirá 54 años. Por eso, este renacer ciudadano de una cla­se media contra el sistema de partidos que la creó es la mejor noticia de la década que ya termina.

A la partidocracia reinante, (los partidos que han sido gobierno desde 1966) estos jóvenes de english y maestría le han dicho lo que hace décadas uno esperaba escu­char: “No confiamos en Uds. señores polí­ticos, les estamos fiscalizando, somos una “inmensa minoría” que puede encender la pradera y que, humilde, como los hijos del Mayo68, solo aspira a lo imposible”.

A partir de ahora, quien desee ganar elecciones (y si las gana, mantenerse en el poder) debe saber que la Ley de Estrategia Nacional de Desarrollo y sus pactos le están esperando.

Que el Ministerio Público y la Cámara de Cuentas sean institucional y económi­camente independientes del Poder Ejecuti­vo, y que se inicie (ayer) el Pacto Fiscal para disminuir los impuestos regresivos y que se revisen una a una todas las exenciones fis­cales... sería un hermoso comienzo.

Lo mucho hasta Dios ve, y el demonio también que es lo que jode.

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