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Puntos de vista martes, 14 de enero de 2020

COLABORACIÓN

Miradas

Efraim Castillo

Ahora que he alcanzado la ancianidad y escruto las huidizas miradas de los jóvenes sobre mí, me pregunto constantemente, ¿qué pensarán, cómo me ven? Y al hacerme estas preguntas me desplazo hacia mi juventud, hasta aquellos años en que óni de asombroó me observé como me veo hoy, asido a un encadenamiento de vivencias que me han llevado hasta estas ocho décadas que arrastro pesadamente conmigo. Mis miradas de entonces ócuando el futuro era una incógnita y me cruzaba en las calles con viejitos de paso lentoó indagaban si la vejez era la sonrisa venerable de mi abuela materna Mamavira, cuyas amorosas palabras aún suenan armoniosamente en mis oídos, o sólo el arrugamiento de la piel y el encorvamiento de la espalda. Porque debo confesar que nunca imaginé que aquellas miradas mías podrían convertirse en estas miradas de los jóvenes hacia mí, tan huidizas como excusas para no entablar diálogos y liberar los ojos para otras miradas.  En El Ser y la Nada (1943), Jean-Paul Sartre describe así esa mirada: “Mirada reflexiva que quiere captar el fenómeno como totalidad y que se ve remitida del reflejo al reflejante y del reflejante al reflejo sin poder detenerse nunca”.

Las miradas de mi juventud a los ancianos [acaso miradas aprisionadas por el cerco de miedo que se vivía durante la dictadura, pero siempre observando los ojos] eran concentradas en la supervivencia, en el otro, en el ser que nos cuidaba y enseñaba los misterios y beneficios del mundo. Por eso, cada anciano que veía nuestros ojos en mi juventud era un anciano al que respetábamos y amábamos como si fuera nuestro, y por eso nuestras miradas no podían arrinconarlo en la invisibilización, en la inutilización, en un grupo humano al que las prisas posmodernas ha excluido.

Pero, ¿por qué esas miradas huidizas, de invisibilización, de la mayoría de los jóvenes sobre nosotros los envejecientes? ¿Será que no comprenden óporque nadie les ha ilustradoó que al mirarnos también guardan para sí lo que serán ellos dentro de algunas décadas?

No, estoy seguro que la mayoría de nuestros jóvenes tal vez ignora que en cada mirada se aprisiona una denotación y una connotación que nos conducen hacia los destellos memoriales que nos acompañarán el resto de la vida y que deberán ser convertidos en conocimiento, en una conexión entre pasado, presente y futuro; en una correlación de totalidad cultural.

Jacques Lacan, en ‘Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis’ (1964), afirma que “la mirada tiene una importancia fundamental en la conformación del sujeto, [ya que] es una condición necesaria ópero no suficienteó para la transformación del cachorro humano”; conceptualizando un establecimiento, una diferencia imprescindible, entre la mirada subjetivante y la función fisiológica del existir. En el anhelo sagrado de una sociedad libre de sospechas, zancadillas e intrigas, las miradas óno sólo de los gobernadores y los gobernados, ni de jóvenes y ancianosó deben estar libres de prejuicios y exclusiones. Las miradas, como ráfagas limpias de suspicacias, deben ser de comprensión y respeto.