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POLÍTICA Y CULTURA

En este frío diciembre ¡he pensado en ti!

Diciembre con su viento frio recorre las noches y las madrugadas de la ciudad. Un eco lastimero de injusticias acumuladas en una sociedad desigual.

Todo después de la tiranía, diciembre 20 de 1962, el pueblo eligió a un Presidente honrado, Juan Bosch.

Finales de ese diciembre, Palma Sola, una matanza al estilo de los bárbaros, todavía no lo suficientemente esclarecida, desmemoriada en las brumas y en esa insuficiencia social de los creyentes que no tienen biógrafos, sólo el temor de Dios.

21 de diciembre de 1963, Manolo Tavárez, fusilado, el más puro de nuestros mártires defensor de las libertades. 19 de diciembre de 1965, el Hotel Matum, la última batalla de Abril.

Combate de 8 horas infernales de asedio y sevicia. El inolvidable coronel Juan María Lora Fernández, inmolado. Caamaño y Montes Arache entrando por la puerta grande de la historia, héroes nacionales. Era diciembre.

Frente al mar, en la ciudad que tanto amó, René del Risco Bermúdez atravesó cristales y lloviznas saladas del piélago, llevándose en los puños la utopía a la que cantó en alegres alboradas, donde el amor era un juguete del alba y de canciones, donde “no habrán sendas que puedan volver atrás”.

Diciembre con un interminable forcejeo en las calles, las vitrinas de los negocios, el mundo girando como en un tiovivo en un parque de diversiones, los antifaces, la necesidad del éxito, la carrera desenfrenada por alcanzar nombradías y bienes en demasía, una locura ascendente, que no nos deja pensar adecuadamente, que pervierte los objetivos y nos hace cada día más egoístas e insensibles.

Hay una necesidad de elaborar ideas troncales, de asegurar la justicia y la equidad, de reducir los niveles de la pobreza.

La distancia de los sueños nos compromete a ejercer la racionalidad a nivel de luchas por una sociedad superior.

Ningún pueblo ignorante y con bajos índices académicos primarios puede encontrar su destino en los valores de la mercancía pura y simple.

Se requiere de remociones mentales que permitan el ejercicio de la sensibilidad social y el credo ético, que condene y expulse la práctica de la corrupción, no sólo de la Administración Pública, sino de de nuestro vivir, de nuestra relación social, de nuestro propio entorno.

Enfrentados a un individualismo rampante, carecemos de una articulación conceptual que nos permita enfrentar el reto de vivir, desde una perspectiva social y humana de solidaridad y justicia.

Nuevos actores surgen en la tramoya visual de la tecnología, idiotizando generaciones enteras de seres humanos, mientras se agudizan las grietas sociales sin que yo esté seguro de que estemos en presencia de mejores criaturas vivientes.

En este frío día de diciembre, he pensado en ti, Jesús de Nazaret, en el generoso mensaje que hace 20 siglos, impartiste ante generaciones de tarados y perversos que no han dejado de reproducirse.

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