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PEREGRINANDO A CAMPO TRAVIESA

El corazón de piedra

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Manuel Pablo Maza Miquel, S.J.Santo Domingo

Intento seguir explicando qué es eso de “pecado original”. Es original, porque es tan antiguo como los orígenes de los seres humanos.

¿Y qué me dice del paraíso terrenal? La pregunta no es si existió el paraíso realmente, alguna vez y en algún lugar, sino, ¿qué significa el paraíso? Teniendo en cuenta a los profetas, “el paraíso es más un paradigma del futuro que un reportaje del pasado. Es la expresión plástica del designio de Dios para con el hombre y la mujer”. Este designio ha presidido la creación, no puede menos de proyectarse sobre el comienzo de la historia. Ocurra lo que ocurra, tal designio está indeleblemente impreso en el acontecer histórico, es el fin de la creación, en este sentido, el final de la historia, la realización del proyecto del Señor, no puede menos de asumir los rasgos paradisíacos.

Con el término “pecado original” denotamos nuestra solidaridad con la maldad humana, que nos precede, antes de que hagamos ningún mal, “nacemos con un ´corazón de piedraª, como le gustaba decir al profeta Eze¨quiel (11, 19; 36, 26). Pues bien, ese ´corazón de piedraª es lo que la tradición de la Iglesia óa partir precisamente de San Agustínó llamó pecado original.”

Cualquier descripción seria de la situación existencial del ser humano tiene que dar cuenta de esta contradicción interna que vivimos, muchas veces, no llevamos a cabo el bien al cual aspiramos, sino el mal que rechazamos (lea Romanos 7, 15 - 24).

Se le llama pecado al pecado original, no porque sea fruto de una decisión o acción nuestra, sino porque nace de una situación de desamor, de alejamiento de Dios y de los hermanos de la que somos solidarios desde que nacemos. Se nos pide no ratificar esta situación de desamor” (Luis González - Carvajal,1998, Esta es Nuestra Fe).

Desde los orígenes, a los humanos nos afecta “ese egoísmo profundamente enraizado mediante el cual hombres y mujeres ordenamos todo para nuestro servicio y no el de Dios ni el de los hermanos” (Rausch, 2016: 141).

Mediante la fe y el bautismo, nos vincularnos con la comunidad de Jesús de Nazaret, Aquél que pasó haciendo el bien, curando a todos los oprimidos (Hechos 10, 38).

El pecado original impactó el bautismo de niños y hasta ¡lo sociopolítico!

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