FE Y ACONTECER

“Señor, auméntanos la Fe”

Cardenal Nicolás De Jesús López Rodríguez

Domingo XXVII del Tiempo Ordinario - Ciclo C

6 de octubre, 2019

a) Del libro del profeta Habacuc, 1: 2-3 y 2: 2-4.

Estos versículos muestran el desconcierto en el que se encuentra el Profeta ante el silencio de Dios frente a la situación de angustia por las injusticias, desgracias, violencias, catástrofes y luchas que está viviendo su pueblo; por eso, ante esta realidad le dirige unas preguntas: “¿Hasta cuándo...? ¿Por qué, Señor?”. Estas preguntas nos suenan muy familiares, pues son las mismas que formulan muchas personas ante la maldad humana cuando no aceptamos vivencialmente la respuesta de la fe.

La respuesta del Señor al profeta es muy clara: “El injusto tiene el alma hinchada, pero el justo vivirá por la fe” (2,4). Con otras palabras, el injusto vive engreído complaciéndose en la maldad, “tiene el alma hinchada”, pero el justo, que vive conforme a la voluntad del Señor, “vive por su fe”. Es una lectura muy práctica para quienes tienen que enfrentar situaciones difíciles. En estos casos el Señor nos dice a través del profeta: “Paciencia, todo llegará sin retrasarse, pero si tarda espera”. El justo salvará su vida mediante la confianza plena en el Señor.

b) De la Segunda Carta del Apóstol San Pablo a Timoteo 1: 6-8. 13-14.

San Pablo exhorta a Timoteo a seguir adelante en el testimonio de Cristo Jesús, resistiendo todos los peligros, avivando los ministerios, a fin de cumplir la tarea con total fidelidad. Aquí se ponen de manifiesto los elementos pastorales del que ha recibido el don de Dios para dirigir una comunidad cristiana. El Apóstol insiste en esta carta pastoral que los seguidores de Jesús recibieron una gracia especial para poder afrontar todas las dificultades y sufrimientos que conlleva el cumplimiento de su misión, por eso insiste no pierdas el ánimo, la gracia recibida en el bautismo, sigue viva y hay que actualizarla movidos por la responsabilidad y la confianza para testimoniar la verdad del Evangelio en este mundo.

c) Del Evangelio de San Lucas 17, 5-10.

La liturgia de la palabra de este domingo se centra en la fe; la súplica de cualquier persona en momentos de crisis es: “Señor, auméntanos la fe”. Debemos decir que nunca ha sido fácil creer y defender la verdad, pero en los tiempos actuales el relativismo y la inseguridad parecen algo constitutivo de la existencia de muchas personas.

En nuestro mundo de hoy con frecuencia no hay sólo crisis de fe, hay dudas sobre los sistemas políticos, sociales y económicos; surge el desencanto y la indiferencia tanto en los adultos como, en los jóvenes. Entonces brota del corazón la pregunta de Habacuc, “¿Hasta cuándo, Señor?” o bien pedimos, como los Apóstoles, “Señor, auméntanos la fe”. La fe en Dios es un don divino totalmente gratuito, que recibimos de la iglesia. Puede decirse que la fe tiene su parte de convicción humana, es razonable fiarse de Dios, aceptar su palabra y su testigo, Jesús de Nazaret.

La fe, por consiguiente, es respuesta, entrega y adhesión de la persona a Dios; es una opción fundamental y radical por Dios, fiándose totalmente de Él, un compromiso capaz de orientar toda nuestra vida, mente, corazón, criterios, conducta, al estilo de Jesús. Por consiguiente, como dice San Pablo a Timoteo, hay que avivar contínuamente la fe, pues, es un don de Dios y hay que pedirlo constantemente. Profundizamos nuestra fe con la oración, la meditación, la lectura, el estudio de la Palabra de Dios y la vivencia comunitaria. ?

Fuentes: Luis Alonso Schˆkel: La Biblia de

Nuestro Pueblo.   

B. Caballero: En las Fuentes de la Palabra.