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Puntos de vista viernes, 20 de septiembre de 2019

COLABORACIÓN

Lenin ven a ver

RAMÓN PÉREZ FERMÍN

Al margen de uno que otro avance social que las más recientes versiones gubernamentales pueden exhibir, lo cierto es que el último período republicano ha traído consigo un abismal deterioro social, así como un lastre de desigualdad innegable en Republica Dominicana.

Basta hojear la data sobre la formación académica de nuestros muchachos egresados del bachillerato, el meteórico ascenso de los adictos en nuestra sociedad, el número de muertes violentas por año que ocurren en el pais o el lugar en que colocan a la nación los índices de transparencia, para darnos cuenta que si bien es cierto que hemos recorrido un trecho económico importante, el yerro del rumbo actual no se puede obviar.

De la dicotomía a la que he hecho referencia se desprende una crisis social que se consolida con celeridad y busca redefinir la ruta nacional para por lo menos los próximos 20 años.

En un extremo se coloca un grupo que con sus diferentes expresiones, pretende seguir conduciendo el país por el sendero de la bonanza económica y la receta de un modelo que se resume en coger “fiao” y que otros paguen después, esquema que aunque puede mostrar triunfos electorales en las contiendas retro proximas, acusa ya fractura interna y vestigios de decadencia en su legitimidad social.  

En el otro lado se ubica una facción política, también con sus sub grupos, que decodifican de forma fatalista y sin soluciones concretas el panorama nacional, pero que tanto en origen como en el manejo de la cosa pública, la sociedad le coloca a golpe de “mas de lo mismo”, en escaparates muy similares a los del conglomerado antes descrito.  En fin, son la misma moneda, con una sola cara.

Al margen de las viejas estructuras políticas se encuentran, según la mayoría las mediciones, tres de cada cuatro dominicanos, quienes consistentemente expresan no sentirse confiados ni representados por los partidos clásicos del sistema, al tiempo que otorgan espacio para adherirse a una propuesta política distinta, pero de proceder distinta.

Dicho lo anterior y tomando como bueno, válido y vigente aquel postulado de Lenin que establecía que para que germine un período revolucionario, tiene que conjugarse el interés de que los de abajo no quieran seguir viviendo como antes y que los gobernantes no puedan seguir gobernando como lo han hecho, debemos al menos reflexionar; si esto sigue siendo cierto, estamos frente a un preludio revolucionario, que parece tomará forma en el 2020 en el torneo electoral.

Nuestra nacion busca ansiosa nuevos paradigmas que puedan con propuestas y con formas distintas, devolverle el Estado y al gobierno, legitimidad social, confianza y vocación de servicio.

Reconozco que los métodos democráticos son imperfectos, más son los únicos serios y funcionales con que cuenta la sociedad, razón por la cual las próximas elecciones constituyen el escenario perfecto para que todos los hombres y mujeres de esta patria que aspiren a tallar una mejor version del devenir nacional, podamos redirigir nuestro país por caminos más incluyentes, justos y democráticos.

Así las cosas, no es desdeñable la idea de que surja al corto plazo en el panorama político nacional, una opción que se constituya como una 3ra. vía, que permita a través de ideas renovadas, brindarle a la sociedad una alternativa fiable al monopolio electoral imperante.


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