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Puntos de vista viernes, 23 de agosto de 2019

ORLANDO DICE...

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Orlando Gil
orlandogil@claro.net.do

La intención de las últimas encuestas no es tanto mostrar a Leonel Fernández como rey, sino humillar a precandidatos del grupo de Danilo Medina.

No a todos, a los de mayor inquina, y se menciona en particular a Temístocles Montás y también a Carlos Amarante, quienes no se economizan cuando se trata de poner a Fernández en su puesto.

Con las famosas trece encuestas del principio, no era necesario insistir en lo mismo si ya la Constitución fue preservada y la reelección se recogió.

Incluso se incurre en el error de atribuirles un efecto mágico cuando en realidad fue contagio. Luis Abinader se dejó atrapar en el juego, y en las suyas Fernández superaba a Medina.

No puede decirse que se coordinaran, pero las coincidencias fueron sospechosas. Una reciprocidad devenida en táctica conveniente.

Se conoce de navajas que vienen afiladas de fábrica, pero otras deben amolarse. Unas afeitan y otras cortan gargantas.

En política se ve de unas y de otras. Así serían las encuestas, e igual las estrategias.

Con Montás y Amarante los parciales de Fernández no se tomarían una café ni locos. Enemiguitos para toda la vida, y no por causa del expresidente, sino por el agravio de sus compañeros de partido.

No es el caso de Reinaldo Pared, quien últimamente está dando unos giros interesantes, o por lo menos así lo aprecian los leonelistas. El jefe de campaña Charles Mariotti no se queda atrás y pone la cama por si fuera necesario dormir siesta. Esos gestos de nobleza caen bien, y hasta distensión se les llama.

Entre las muchas cosas que se murmuran, una sería el acercamiento de Fernández a Pared después que regresara de su último viaje a Colombia.

Hubo hasta emisario en atención a declaraciones del secretario general defendiendo el derecho de Fernández a ser oficializado como precandidato. Averigüé, y no fue tanto así.

Los efectos especiales mejoran y dañan una película, y en el caso fue promover una circunstancia de afinidad en que la situación se resolviera entre el presidente del partido y el secretario general.

Las encuestas andarían por esos entornos.


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