POLÍTICA Y CULTURA

La crisis del “Estado benefactor”

Tony Raful

Al vaivén  de los abruptos cambios ocurridos a partir del ajusticiamiento del tirano en 1961, la vida política se rebosó de oportunistas de todas las especies.

El asalto al Estado fue tarea de primer orden en los grupos que se disputaron la toma del poder político. Liquidada la dictadura, la figura omnipresente de Trujillo que llenó de pavor a la sociedad entera, ya no podía supervisar, limitar o excluir a nadie de esa democracia ampulosa de ambiciones desmedidas.

Trujillo se hubo de convertir durante treinta y un años, en la burguesía del país, todo le pertenecía, y al ritmo de su sentido nacionalista, aunque no patriótico, en términos reales, el caudillo no permitió compartir con nadie el usufructo de los bienes nacionales.

Lo regía un extraño espíritu gregario que excluía del reparto la primacía de los grupos oligárquicos tradicionales.

Su sumisión a la política anticomunista regional lo hizo subalterno de los intereses geopolíticos norteamericanos. Venía de ahí, del asesoramiento y formación impartidos por las tropas de ocupación de 1916-24.  

Pero Trujillo no era un lacayo puro y simple. Asumió  y disputó el título de “Primer anticomunista de América”, y en virtud de ello, actuó en Centroamérica, en Cuba, en México y en los Estados Unidos.  

El ego de Trujillo estuvo siempre por encima de la propia dependencia  externa. Pensó siempre que nuestro país le quedaba pequeño. Por ello incurrió  en atentados y asesinatos  de figuras internacionales que eran sumisos a la política norteamericana de contingencia de la época, contrariando los reales intereses norteamericanos. Por ello secuestró a Galíndez, atropellando las leyes federales de Estados Unidos y burlándose de FBI. Por ello coqueteó con Hitler  mucho antes de declararle la guerra. Y por todo ello, sumado a otros factores de  recomposición  de la política internacional, el presidente Eisenhower dio luz verde a su muerte, tarea  encomendada al presidente electo John Kennedy, concomitantemente  con la invasión a Cuba de abril de 1961, objetivo este último,  en el cual Kennedy incumplió la decisiva segunda fase de desembarco de tropas norteamericanas en Cuba, vacilación que finalmente le costaría la vida en Dallas, Texas,  el 22 de noviembre de 1963.

El fracaso de la invasión de Playa Girón, hizo que Kennedy sacara de su agenda la muerte de Trujillo  desconectando a la CIA del plan inicial de colaboración con el hecho histórico del 30 de mayo de 1961, lo cual le otorgó a los conjurados una dimensión trascendente de arrojo y patriotismo.

En el siglo veinte, solamente el gobierno constitucional de Juan Bosch en 1963, los días gloriosos de abril de 1965 y los espacios de libertades públicas conquistadas con tesón contra la represión y el autoritarismo, bajo el liderazgo de Peña Gómez, en espacios de transición, pasarán finalmente como momentos los suficientemente éticos y dignos, para sentirnos orgullosos de ser dominicanos.