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Puntos de vista viernes, 19 de julio de 2019

EL CORRER DE LOS DÍAS

Razones de corazón

MARCIO VELOZ MAGGIOLO

Si de pronto dejas de sentir los latidos del corazón y sigues pensando en el amor, de seguro que has entrado en los caminos del milagro.

Corazón, corazón, no me quieras matar corazón, dice alguna canción olvidada.

También, cuando el corazón abandona, solitario, el espacio que sin papeles de propiedad la divinidad le ha prestado, voces tropicales lo recuerdan como un “viajero solitario, si no, preguntad a Agustín Lara las razones del corazón peregrino, cuando describiendo algunas de las funciones transitorias del mismo, liga el corazón al recuerdo, al proclamar, paladinamente que, “el corazón, viajero solitario se pregunta, que extraño hechizo tiene la palabra recordar, será tal vez por la fragancia que dejan en el alma las cosas que se van”. Recuerdo, perfume, olvido y fragancia pertenecen a veces al corazón.

El corazón es por tanto  heredero de tantas cosas que será siempre difícil escribir su biografía, porque viviendo en el interior de  las cosas sensibles, se oculta para evitar que los demás comprueben sus verdades, siempre o casi siempre, materia del rubor.

Una pregunta importante nos agobia, porque en verdad no sabemos ¿qué hace el corazón durante las noches en las que el sueño le deja latir por cuenta propia? ¿Hasta dónde el corazón usa del esotérico “libre albedrio que lo aleja de la vida pecaminosa o que lo impulsa como al Loyola de la juventud, a la pasión carnal? El corazón es por tanto un misterio que flota en la autonomía y cancelarlo es un abuso magno que determina en el suicida uno de los rasgos que, envuelto en el “no matarás” bíblico, constituye un pecado mortal. La muerte pecando contra sí misma.

La vieja canción de los años jóvenes habla del corazón que por su cuenta abandona el nido, y hace que un autor desesperado pregunte, ¿Dónde estás corazón?, ¡no oigo tu palpitar!, referido al momento en que ella ha partido, dejando también partido el propio corazón.

‘Cuentos del Corazón’, una obra de la que debería ser autora Corín Tellado, cuenta que dos corazones anduvieron juntos, y separados se perdieron en un bosque, en el que los latidos eran en las arboledas, el sueño de las frondas audibles. Entonces el amor produjo el milagro de que lo desunido podrá un día fundirse en una, o en uno, y el boscaje prestó su latir al nuevo visitante, era un solo corazón, que entonces hablaba de amor y que emergió de entre los ramajes. “Un corazón que te habla de amor, vive y suspira...”

En la festividad de corazones abiertos, el cambio de un corazón por otro lleva envuelta la memoria cardíaca que permite al nuevo corazón, antes antiguo, expresar con su voz novedosa un mundo ajeno al que habrá de hacer latir sin conocer el pasado.

Llamemos al espacio en donde pasan sus días y pernoctan los nuevos corazones de materia prima sin sentimientos, espacio provisional. Cuando en los trasplantes el viejo corazón podría ahogarse en un frasco de formol, el que llega y es acomodado en el hueco vigente, piensa que está llegando a un territorio libre donde las ramificaciones consolidan la nueva  materia que ahora tendrá que sostener la vida con latidos prestados.