FE Y ACONTECER

“Tú eres el Mesías”

Cardenal Nicolás De Jesús López Rodríguez

Decimosegundo Domingo del Tiempo Ordinario
23 de junio 2019 -
Ciclo C

a) Del libro de Zacarías 12,10-11; 13,1.

Zacarías predica la conversión, inculca exigencias éticas, critica el culto sin justicia. Además, considera la reconstrucción del Templo como un símbolo: un tiempo nuevo ha empezado y el Señor se prepara para el día de su trascendental salvación. El verso 10 describe la efusión del Espíritu sobre la dinastía davídica. Ese espíritu será de gracia y de súplica, que les permitirá mirar al traspasado. El contexto al referirse a ese traspasado nos habla del mismo Dios, “al mirarme traspasado por ellos mismos, harán duelo como por un hijo único”. Pero sabemos que el Nuevo Testamento aplicará esta profecía a Jesús en la cruz. San Juan dice: Esto sucedió de modo que se cumpliera la Escritura que dice: “No le quebrarán ni un hueso”; y otro pasaje de la Escritura dice: “Mirarán al que ellos mismos atravesaron” (S. Juan 19, 36-37).

b) De la Carta del Apóstol San Pablo a los Gálatas 3, 26-28.

En este texto, revestirse de Cristo hace alusión a liberarse de la esclavitud de la ley, de la pertenencia nacionalista o religiosa a un pueblo, a una raza, a un “estatus” social. Significa que todo hombre puede ser hijo de Abraham, pertenecer a Dios y ser salvado por él. San Pablo quiere significar que todo hombre o mujer, esclavo o libre, creyente o ateo, tiene una dignidad inigualable en Cristo. Todos somos hijos de Dios en Cristo Jesús mediante la fe, y todos, sin excepción hemos sido llamados a compartir la herencia, pues el Espíritu no distingue sexos ni edades ni condición social.

c) Del Evangelio de San Lucas 9, 18-24.

Esta escena del evangelio San Lucas la sitúa en un clima precedente de oración, y en ella apreciamos tres secciones: Profesión de fe mesiánica por el apóstol Pedro (vv.18-20); primer anuncio de la pasión, muerte y resurrección de parte de Jesús (vv. 21-22) y condiciones para el seguimiento de Cristo, es decir, para asumir su proyecto (vv. 23-24). El texto nos muestra que Jesús comienza por hacer un sondeo de opinión que tienen la gente sobre su persona: y la que tienen sus discípulos, “¿quién dicen que soy yo?” ... En nombre de los discípulos Pedro responde: “Tú eres el Mesías de Dios”.

A esta confesión mesiánica de Pedro supone una corrección de perspectiva de Jesús y hace el primer anuncio de su pasión, muerte y resurrección,  dejando claro que Él no es Mesías político, como los discípulos se imaginaban y para evitar equívocos de triunfalismos terrenos, sustituye el término “Mesías” por el título “Hijo del hombre” que se encuentra en Daniel 7, 13, más cercano a la figura del siervo paciente del Señor, según Isaías, o a ese “traspasado” anónimo de que habla Zacarías, en la primera lectura.

Las condiciones para seguir Jesús asumiendo su proyecto, según propone Él mismo, son: negarse a sí mismo, cargar con la cruz cada día y mantener una absoluta disponibilidad, incluso de la vida. Esta tercera sección, dirigida a los discípulos y a toda la gente, viene a señalar la prolongación de su camino en la vida de la Iglesia y en la conducta de cuantos por la fe “y por el bautismo se han revestido de Cristo”, como señala San Pablo.

Jesús nos hace la misma pregunta a cada uno de nosotros: ¿Quién soy yo para ti? Para responderla hacen falta tres condiciones: Ponerse en oración, como indica Lucas al comienzo del relato, conocer personalmente a Jesús desde la experiencia de fe, y seguirlo amorosa y abnegadamente, como dice Él mismo al final.

Fuente:
B. Caballero: En las Fuentes de la Palabra.
Luis Alonso Schˆkel: La Biblia de Nuestro Pueblo.