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Puntos de vista domingo, 19 de mayo de 2019

El abogado del mal

  • El abogado del mal

    Fotografía tomada por Jorge Cruz. LISTÍN DIARIO.

Dalton Herrera

Es verdad que muchos casos en la justicia dominicana son tratados “asigún” el imputado y eso para nadie es un secreto. También es cierto que la Tremenda Corte de Tres Patines, en ocasiones, queda corta en comparación a ciertas audiencias que a menudo se desarrollan en los tribunales de nuestro amado país. 

Por ejemplo, en muchos escenarios se ha denunciado composiciones entre fiscales y jueces, así como abogados de la defensa que juegan un papelazo frente a los acusadores e imputados, a veces sin que estos estén enterados de nada ya que el “habla’o” suele hacerse a puertas cerradas. 

Otras situaciones que se presentan son las de aquellos abogados, dizque acusadores, que sentencian a su cliente a conformarse con un acuerdo de conciliación sin importar el grado del hecho, porque no hay “suficientes pruebas”.

En fin, enumerar más de estos episodios judiciales sería una perorata de mi parte porque las historias de fiscales, abogados y jueces corruptos siempre han gravitado en el imaginario de la gente, y con justa razón. 

Sin embargo... no es el caso de Marlin Martínez.

Debo aclarar que no pretendo ser un abogado del mal (porque abogado no soy), que no gano nada por decir lo que pienso y que tampoco soy monedita de oro para querer caer bien en el bolsillo de las masas. Pero hay que ser justo primero si queremos ser felices, como diría el patricio Juan Pablo Duarte.

Es cierto que la herida social que provocaron Marlin y su hijo con el horrendo asesinato de Emely, no sanará. Es imposible cerrar la imaginación de una sociedad que quedó devastada al conocer los detalles del crimen, al enterarse de que Marlon le propinó un golpe contundente a la adolescente en la cabeza, y que luego trató de una forma desquiciada perforarle sus partes íntimas para así acabar con el embrión que ella llevaba en su vientre. 

Tampoco es posible que el pueblo borre aquella imagen de Marlin y Marlon tratando de engañar al país convocando una rueda de prensa y alegando no saber nada del paradero de Emely, a sabiendas que ella yacía dentro de un saco en algún lugar solitario y miserable. 

Pero la ley es la ley, y estamos en un Estado de Derecho, o al menos eso creo. 

LAMENTABLEMENTE, el Código Procesal Penal estipula solo la participación de Marlin como “ocultamiento” de los hechos. La barra acusadora no pudo demostrar más allá de toda duda que Marlin planificó el crimen ni que participó durante su ejecución. Yo mismo pienso que si ella hubiera planificado el asesinato hubiese contratado a sicarios, en vez de exponer a Marlon a tal encomienda. 
Sus acusadores solo se aferraron a las declaraciones de Simón Bolívar Ureña o “Boli”, un empleado de confianza de Marlin, y quien escuchó decirle a Marlon que “resuelva ese problema” (refiriéndose al embarazo de Emely), y ya ven el resultado.

La participación de Marlin ocurre posterior al crimen cuando se entera de lo sucedido y ordena quitar las cámaras de seguridad, además de mandar a movilizar el cadáver a otro lugar ya que Marlon lo había lanzado por un puente. Ella le juraba a Dios que podía sacar a su hijo de ese atolladero. 

Quizás la confianza en el poder la hizo miope ante las dimensiones de semejante tragedia, a tal punto que ordenó mover el cuerpo de Emely varias veces para que las autoridades no la encontraran. Es monstruoso, sí. Por supuesto. 

Pero reitero, LAMENTABLEMENTE, la reducción de cinco a dos años en la pena de Marlin no es culpa de los jueces que se acogieron en parte a la apelación, sino del Código Procesal Penal que no tiene cúmulo de penas. Que es débil ante este y muchos otros casos que vendrán, porque este no ha sido el primero ni será el último. Hay muchos que no trascienden en los medios pero tienen la misma suerte que este. Es una lástima que los regímenes de consecuencias sean tan débiles. 

Pero si no se hace nada, las injusticias seguirán cayendo como los granizos de fuego que son descritos por el libro del Apocalipsis, y continuarán lloviendo hasta que ese Código Procesal Penal no sea modificado a uno con penas más contundentes. 


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