ORLANDO DICE...

Entre crispación y expectación

Orlando Gill

No hay duda de que a los partidos les picó algo, y no necesariamente abejón, pero la excitación de estos días llama la atención.

Diríase que la Ley de Partidos y la Junta Central Electoral vuelven loco a cualquiera, pero igual la Reelección (en mayúscula) y también las elecciones del 2020.

Las de febrero y las de mayo.

Aunque lo más interesante es que la circunstancia no se origina sola, producto del devenir, sino creada con propósitos que no están claros y de los que no se sabe si tienen control.

Incluso los escenarios se barajan, y tanto da la gota en la piedra que provoca crispación y la alharaca por igual  produce expectación.

Los oficialistas (que da lo mismo Danilo Medina que Leonel Fernández) les tienen tomadas las medidas a los locales grandes.

La gente, sea a voluntad o arreada, corresponde a la convocatoria, y cada movilización tiene una finalidad muy suya y nunca aprovechará a la oposición.

El voto que nunca se mete con nadie advirtió que no es una abstracción y que es con sufragios que se ganan las elecciones.

Los opositores no entienden lo principal, y en vez de identificar sus caudales, creen que el problema no es la dirección del río o del canal, sino el desempeño del cabo de agua.

Atacan la Junta Central Electoral y acuden al Tribunal Superior Electoral y al Tribunal Constitucional pensando que la justicia puede alterar la política.

Si se presionara al organismo de elecciones, tanto como para hacerlo saltar ¿cuál instancia de poder nombraría nuevos miembros?

No es fatalismo, es realidad.

Fastidian las tantas reformas constitucionales, pero igual sulfuro con las composiciones de las llamadas altas cortes. Nunca aparecen los santos, pero sí las limosnas.

Aunque parezca mentira, o chusco, el PLD podría ser el más interesado en recomponer los órganos públicos, pues se conocen intimidades, y según esas intimidades las ingratitudes hacen ola.

Besaron la mano al momento de buscar las posiciones y ahora no solo ‘si te he visto no me acuerdo’, sino que ‘clavan dagas de harakiri’.