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Puntos de vista miércoles, 15 de mayo de 2019

PASADO Y PRESENTE

Polémicas sobre los Padres de la Patria

  • Polémicas sobre los Padres de la Patria
Juan Daniel Balcácer
jdbalcacer@gmail.com

Se ha dicho y escrito que, conjuntamente con la proclamación de la República, en Santo Domingo surgió un vacío de poder que invirtió los valores sociales de tal modo que el Estado, en lugar de dirigirlo, quienes propugnaron por la idea de la independencia pura y simple, fue controlado por los abanderados del proteccionismo y del anexionismo, que no tenían fe en la capacidad de los dominicanos para gobernarse por sí mismos. Ese vacío de poder constituyó uno de los principales factores que propiciaron el surgimiento del caudillismo y del militarismo como factores dominantes en la superestructura político-ideológica nacional. Los auténticos mentores del movimiento revolucionario, que motorizó la separación de Haití, fueron finalmente desterrados del país por obra de ese sector ultra conservador que los adversaba políticamente. Para nadie entonces fue secreto que, de entre la pléyade de jóvenes reunidos en torno del partido nacionalista, Juan Pablo Duarte descolló como líder principal del movimiento revolucionario que abogaba por la instauración de un Estado-Nación soberano e independiente.

Duarte, como se sabe, no actuó sólo en el escenario político. Para cristalizar su proyecto político fue necesario recibir la colaboración de otros compañeros, quienes se identificaron con él y le apoyaron en su jornada libertadora. Ellos también le siguieron e imitaron en el camino de la amargura y del martirio. Tal es el caso de Juan Isidro Pérez y Pedro Alejandrino Pina, este último uno de los más insignes próceres dominicanos, miembro fundador de La Trinitaria y quien, cuando se refería a esta agrupación política, la llamaba “partido duartista”, identificándose de esa manera como prosélito de Duarte. Luego de proclamada la República, la consolidación del caudillismo (un fenómeno sociológico típico de las sociedades latinoamericanas decimonónicas), impidió que en el momento preciso Duarte fuera objeto del justo reconocimiento de sus conciudadanos, en virtud de su loable labor revolucionaria en beneficio del pueblo dominicano. Y en lugar de merecer honores, el patricio en cambio fue objeto de denuestos, persecución, prisión y destierro del país a perpetuidad. Las pugnas inter caudillistas y la guerra dominico-haitiana, entre otros factores, mantuvieron a la joven nación dominicana inmersa en un clima social caracterizado por una suerte de inversión de valores que, por decirlo así, estancó el desarrollo del Estado en casi todas sus instancias.


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