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Puntos de vista lunes, 22 de abril de 2019

ORLANDO DICE

Respondió la manada

  • Respondió la manada
Orlando Gil
gil@claro.net.do/@orlandogildice

El arzobispo Francisco Ozoria no era un hombre de pronunciamientos, como lo fue en su tiempo el retirado Nicolás de Jesús Cardenal López Rodríguez.

Cada domingo tenía cita en la Catedral con la prensa, y en la ocasión eran dos homilías.

La que decía durante la misa y la que compartía al final con los reporteros.

El arzobispo Ozoria tampoco era hombre de comparecer a programas de panel, y aunque la Cuaresma y la Semana Santa eran escenarios de predicación, sorprendió que lo hiciera por un medio.

La sorpresa fue mayor porque además de llamar a vivir la Semana Santa, discurrió sobre asuntos temporales. No solo habló de la palabra de Dios, sino de las inquietudes de la población.

Al arzobispo Ozoria por tanto se le ve ahora como uno de los antiguos profetas que se ocupaban de denunciar los males de la población.

Y no solo los pecados del hombre común, sino de príncipes y reyes.

El Estado –en cualquier circunstancia– tiene al cinismo a su servicio, y la actual administración era genial en su uso. La Marcha Verde anduvo por pueblos y campos diciendo oprobios del gobierno, y éste le tendía alfombra morada.

Con el arzobispo Ozoria no ocurrió igual.

Aunque el gobierno como gobierno no replicó lo de dictadura, sus paniaguados consideraron grave la ofensa, y en Azua empezó la descalificación.

Entre peledeístas todo se da en una suerte de Danilo o Leonel, y quien conmigo no recoge, desparrama.

La Constitución es de Leonel, y todo el que se exprese a favor de la Constitución, es de Leonel. El arzobispo Ozoria, en ese orden perverso, sería de Leonel, y una apreciación tan ligera y peregrina se convirtió en consigna.

Los profanos no conocen la intimidad de la Iglesia, ni cómo ni quién selecciona a los oradores del Sermón de la Siete Palabras.

Nadie puede decir que los curas que echaron al gobierno al pozo recibieron la encomienda.

Pero puesta en riesgo la autoridad del arzobispo Ozoria, no hacía falta que bajaran la línea.

Si el león está en peligro, lo justo es que responda la manada.


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