EN SALUD, ARTE Y SOCIEDAD

La meta es regresar vivos y sanos

Ignacio Nova

Entre nosotros, la percepción sobre cualquier tema es una hipérbole de la realidad.

Aunque abundan las situaciones y hechos en los cuales la realidad desborda la imaginación, con frecuencia cada quien valora el acontecer desde la perspectiva de sus temores y la óptica magnificada que la mediática sensacionalista de voceros politizados imprime en las audiencias.

El tema viene al caso con motivo a la Semana Santa y los llamados a la prudencia en el disfrute de este fin de semana religioso hechos por el Presidente de la República y el Ministerio de Salud Pública.

Otras opiniones, como cada año, han hecho lo propio, creando un entorno informativo favorable a la responsabilidad en el conducir y en las formas de disfrute y esparcimiento.

El llamado pone en el enfoque una de las causas de mayor número de muertes que se registran en el período: los accidentes de tránsito, especialmente terrestre.

La opinión generalizada es de verdadero drama. Los hospitales que atienden lesionados y traumados, la Policía Nacional, el Sistema de Atención a Emergencias 911 y otros preparan unos informes que por diferentes vías llegan a los medios de comunicación.

Noticias que vienen directas a las primeras de diarios y noticieros, cual sea el número reportado se percibirá como lo que es: una verdadera desgracia. Aunque la muerte es lamentable, por la causa que sea, la gente debe suplirse informaciones procedentes de acreditadas fuentes.

Respecto a las muertes por accidentes de tránsito terrestre, la Oficina Nacional de Estadísticas (ONE) alimenta unas tablas que, a simple vista, revelan una realidad que, llamando a la preocupación porque es alta en comparación con los registros regionales, del 2009 al 2017 tendió a oscilar entre el drama y la esperanza. Entre alzas y bajas. Quizás el desarrollo de la infraestructura vial registrado en el país en los catorce años más recientes haya contribuido a que la Tasa de muertes por accidentes de tránsito reporte, respecto al 2019, un comportamiento oscilante, con picos crecientes en los años 2010 (+13.7%), 2013 (+1%), 2015 (+4%), y en el 2016 (+6% ).

Las muertes por accidentes de tránsito en el 2009 totalizaron 1872.

Contrario a estos, otra tendencia zigzagueante se hizo evidente con los resultados correspondientes a los años 2011, 2012, 2014 y 2017.

En estos, las muertes por accidentes de tránsito totalizaron 1833, 1768, 1855 y 1585 respectivamente. Significa que, para esos años y con relación al 2009, las resultados fueron iguales a - 2%, -5.6%, -0.9% y -15.33%, permitiendo apreciar la caída importante (>15%) ocurrida en el 2017, que esperamos se mantenga.

Se revela que ambas tendencias, hacia la baja y a la alza, son inconsistentes, obligando a la pregunta metódica de en qué grado se vinculan a razones sistémicas.

Esta asistemicidad indicaría causales culturales, relativas a los modos de transitar. Evidenciaría el peso sobre los resultados de conductas predisponentes: imprudencias y conducir bajo los efectos del alcohol y otras sustancias.

Lo que hace más perentorio atender los llamados del Presidente de la República y del Ministerio de Salud Pública. La meta es regresar vivos y sanos.