Opinión

ENLONTANANZA

Emilio Rodríguez Demorizi

Henry Mejía OviedoSanto Domingo

Nacido el 14 de abril de 1904 en el municipio de Sánchez, provincia de Samaná y fallecido en Santo Domingo, el 27 de junio de 1986, fue, y es, don Emilio Rodríguez Demorizi un pilar indestructible de las investigaciones históricas y culturales de la nación.

Considerado el Padre de la Historia Contemporánea, erudito y prolífico autor, que dejó más de 120 obras publicadas, es imposible entender el devenir nacional sin familiarizarnos con la sapiencia y constancia que emana de una obra espléndida y multifacética, como la suya.

Entre otras muchas responsabilidades ostentadas, se destacan sus presidencias en la Academia Dominicana de la Historia y de la Sociedad Dominicana de Geografía. Este último cargo, honrosamente desempeñado, no es tan conocido como el primero.

Pero el sábado 18 de abril de 1970, con un memorable discurso, le correspondió el honor de dejar constituida la sociedad de los geógrafos nacionales, en el local que ocupa la Academia Dominicana de la Historia. En esa ocasión expresó: “No se trata de la mera creación de una agrupación más, precaria y sin altos destinos que cumplir, sino de una institución que viene a colmar un ancho vacío en nuestras actividades culturales, porque solo la Geografía nos enseña a leer en el libro abierto de la Naturaleza… Estamos hoy en el auge universal de la Geografía: fue su primer hito el viaje colombino al Nuevo Mundo, y ahora mismo nos hallamos en presencia de su segunda etapa, el juliovernesco viaje a la Luna… Es que el hombre, porque ha logrado al fin el dominio de la Geografía, ya tiene en sus manos el destino del Universo”. Don Emilio Rodríguez Demorizi delineó en aquel discurso, no solo las tareas futuras de la naciente sociedad, sino también las razones históricas de su creación, basada en la singular y precursora historia del país. En su docta opinión: Nace aquí esta sociedad, entre muros venerandos, ungida por magnos privilegios: fue Colón -a quien podemos llamar el primer dominicano- la máxima figura universal de la Geografía de todos los tiempos, y fue La Española el punto de partida en la Geografía del Viejo Continente, desde donde se emprende la gran revolución geográfica del siglo XVI.

No escaparon al erudito ni las muchas referencias a la isla entre los primeros geógrafos posteriores al Descubrimiento ni la impronta taína, que es apreciable en la toponimia nacional.

“Indígenas son los nombres de nuestros ríos Yaque, Yuna, Camú, Ozama -afirmaba-. Indígenas también los nombres de muchas de nuestras villas: Higu¨ey, Macorís, Samaná, Maguana, Bonao, Baní, y tantas otras”. Tampoco ignoró los aportes de Juan Pablo Duarte, de quien reconoció, “…fue el primero en la República en los apasionados estudios de la Geografía, a los que alude repetidamente en sus escritos para conocer mejor el país y para realizar con mayor eficacia su propaganda separatista…”.

Finalmente, un hombre como aquel, eterno trabajador por la grandeza de su país, nos dejó palabras inolvidables sobre el uso que debemos dar a nuestros abundantes, pero no infinitos recursos naturales: Nuestra Sociedad debe establecer conceptos e ideas que puedan servir para orientar el mejor uso del potencial de los recursos naturales del territorio nacional, y una eficaz aplicación de lo moderno en la planificación del desarrollo de los pueblos… Geografía es poesía, pero es sobre todo, realidad”.

EL AUTOR ES PRESIDENTE ATENEO DOMINICANO MIEMBRO TITULAR JCE

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