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TECLAZOS

¿Qué es una redacción integrada?

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Juan Eduardo ThomasEditor en Jefe

Es un espacio periodístico donde, quienes lo componen, construyen información basada en los mismos valores y objetivos. Un lugar con estrategias bien definidas, a la mano de cada parte del equipo. Que persigue metas de grupo y se sienta cada equis tiempo a evaluarlas, a evaluarse.

En mi concepción de redacción integrada no hay dos medios de comunicación, con intereses diferentes y tras objetivos distintos: hay solo uno que utiliza más de una plataforma de comunicación en su ejercicio diario.

Hay una cabeza que dirige ese único medio de comunicación, con personal especializado en las plataformas que utilizamos para comunicar. Me gusta la idea de un coordinador, que maneja los temas de la Web, pero que a fin de cuentas le responde al único director o directora que tenemos.

Eso para comenzar en orden jerárquico.

Pero esa persona que está al frente, coordinado la versión en internet de nuestro medio de comunicación, no debe ser alguien que no entienda esta plataforma, que esté en el puesto por su afinidad o cercanía con el director del medio. No. La preparación, la especialización en temas Web, es capital.

El concepto de integración se entiende cuando unimos las dos redacciones que teníamos antes. Cuando todos los reporteros tienen acceso al sistema por el cual colocamos, o publicamos, historias en  internet. Cuando ese reportero se siente identificado con su marca, con su medio, y está en la disposición de entender que su trabajo, quiéralo o no, depende también del soporte en línea.

Cuando ese redactor o reportero entienda eso entonces tendremos a un periodista en la calle dispuesto a darte dos “flash”, o avances importantes, de las cosas que van ocurriendo, y que al llegar a la redacción se sienta para amplificar y mejorar sus historias.

Por las condiciones del trabajo, léase la premura con la que a veces trabajamos, yo creo que toda redacción integrada debería tener a dos o tres periodistas de primera línea sentados para mejorar las historias de los tipos que tenemos en la calle.

Es muy probable que suceda una noticia importante y que el reportero se vea en la obligación de prestarle tal grado de atención que no pueda enviar, o relatar, la noticia completa. Me refiero a que hay noticias tan importantes que deben ser comunicadas al segundo pero que requieren que ese profesional que tenemos en el lugar pueda trabajar tranquilo, sin la presión de recibir una llamada que le aparte de su cobertura.

Esos periodistas que tenemos sentados en la redacción pueden elaborar una noticia de calidad, a profundidad razonable, tan solo con que le revelemos el hecho. Ellos se pueden encargar de lo demás. Pueden ampliar con sus referencias mentales o bien acudiendo a un rastreo rápido de antecedentes.

Me gusta la idea de que los reporteros usen las redes sociales para eso, pero ya luego ampliaremos en un tema aparte.

Lo que quiero dejar aquí es que, por ejemplo, buena parte de las noticias que suceden están a la mano, es de conocimiento de los reporteros que cubren sus fuentes. Solo un buen trabajo de planificación, en una redacción unificada, puede lograr identificar esos hechos con uno o dos días de antelación para preparar una cobertura eficaz.

Imagine un Consejo de Ministros para conocer el anteproyecto de presupuesto. Suele anunciarse, por lo que lo ideal es que un equipo se siente y analice las partidas presupuestarias más importantes que van en curso para hacer comparaciones rápidas al conocerse el nuevo proyecto de presupuesto tras su aprobación por el Consejo.

Son cositas como estas las que darán mayor profundidad y calidad al trabajo. Y que lo único que requieren es gestión, una cabeza detrás que los vea venir y planifique entorno a ellos, que pueda ir un paso más delante de sus competidores, que ponga en línea la mayor calidad posible en el menor tiempo natural disponible.   

Ese es un trabajo de gestoría, de gestión, que no se hace. Pero que es fundamental para mejorar las coberturas. Las funciones de un coordinador Web van más allá de asignar servicios a cubrir a su personal. Hay un tema de estrategia básico que debe ser cumplido.

El tiempo en una redacción 24 horas

Existe en República Dominicana un trecho cercano a la media hora desde que sucede un hecho informativo hasta su publicación. Aquí me refiero a actividades programadas, nada fortuito ni de último segundo. Me enfoco por el momento en las ruedas prensa, en las declaraciones importantes que dan figuras de la vida pública nacional. Desde que nace ese hecho informativo y hasta que se traduce en la construcción informativa de una historia hay cerca de media hora de distancia.

Esa media hora surge de mi estudio y observación y como habrán de imaginarse es un dato promedio. Puede que ante un hecho equis el proceso acelere, como puede suceder todo lo contrario.

En algún punto de este libro he hablado de las estrategias de los medios de comunicación en la Web, de cómo su intención puede ser la inmediatez o la profundidad, ambas válidas.

El punto aquí es que treinta minutos, sin importar el cristal estratégico que se ponga, es mucho. Es una distancia innecesaria entre un hecho informativo y el lector, el ciudadano que requiere de información constante.

Las razones para este tiempo son tan variadas que hasta risa incluyen algunas. Van desde que un reportero no tiene una teléfono empresarial o flota de comunicaciones para reportar al segundo a su medio, y necesita esperar que se le llame desde la central, hasta que el reportero, en común acuerdo con los compañeros de fuente decidieron concluir su proceso de indagaciones y luego comenzar uno reflexivo para determinar cuál es el ángulo noticioso a tomar. Estas son solo dos que responden al reportero en la calle, que obviamente pudiera ser mayor. Hay otra muy común: la de guardarse una información creyendo que dará “el palo” al otro día. Resulta que el palo se lo da otro digital.

Otras vienen desde el mismo centro de procesamiento de las noticias, de la redacción del medio informativo. Puede que las operadoras informativas, por ponerle un nombre a los periodistas de planta dedicados a la recepción telefónica de los hechos, estén ocupados llamando a otros colegas o concentrados en la búsqueda de informaciones internacionales, conocidos en el ambiente como “cables”. O también puede que se consuma parte de ese tiempo desde que se tome vía telefónica la noticia, en ideas generales en la mayoría de los casos, hasta su concreción con los arreglos de lugar y la revisión ejecutiva.

Las razones pueden ser múltiples y justificadas y con ellas nace un tiempo considerable entre un hecho y su publicación.

Hablo de tiempo considerable en el proceso informativo porque se han agregado actores. Gente que ha cambiado lo tradicional. Personajes que antes no participaban del proceso de información desde su nacimiento y hasta su publicación. No lo hacían antes porque no podía, porque no tenían la, o las, plataformas para hacerlo. Hoy internet se les ha dado, y ellos la han aprovechado.

Son figuras tan simples y habituales en los procesos como los relacionistas públicos, por ejemplo. Que antes solo incidían en el proceso informativo en la gestoría del funcionario público, del político, de la asociación civil que quería comunicar algo, o que era requerido con alguna intención.

Estos personajes no tenía posibilidad de incidir en la difusión de un mensaje, salvo por el contacto que antes tenían en exclusividad con el reportero. Es cierto que ellos intentaban persuadir, o mostrar cosas al reportero para que informara sobre sus intenciones. Pero su trabajo terminaba ahí, en esa sola intención de incidir, no más.

Hoy cada entidad tiene un portal de internet que se alimenta con informaciones. No es un diario informativo, pero sí registra la actividad de la institución o del personaje central de algún hecho noticioso. Esa es una vía para informar. Hoy las redes sociales conectan casi con el mismo público que desea informarse ingresando a un portal en la Web.

Estas personas están informando justo al momento de producirse un hecho noticioso que les atañe, que les involucre. Ellos no necesitan esperar de editores, ni de revisiones. Ni de acuerdos con nadie sobre las cosas que publicarán. Ellos solo cuentan las cosas que pasan, desde su cristal. Ojo con eso.

Que ese nuevo elemento en el proceso de construcción de la información está tendenciado. Viene con mañas, por decirlo de alguna manera. Hacen uso de un legítimo derecho de comunicar algo, aunque con ello no cumplan los parámetros profesionales que se les supone a los reporteros, a los periodistas de medios de comunicación independientes.

Pero claro, como hay un cierto vacío de información, el lector de las Web, de las redes sociales, puede informarse primero por un parte interesada del suceso noticioso. Y eso puede ser peligroso para la elaboración de opiniones sobre un tema y para las empresas de comunicación dedicadas a servir información actualizada.

En cierto modo creo que los periodistas y sus medios han equivocado señalando a sus adversarios informativos. Hemos pasado de la competencia entre medios de comunicación a la competencia ante todos, porque cualquier sujeto puede servir información, de calidad o no, ya esa sería otra discusión, interesantísima, por supuesto, pero puede informar, y ante el desconocimiento de la audiencia entonces confunde y hace colar su idea.

Es por esto que considero como necesario la reevaluación del tiempo de publicación de las noticias en los portales Web sin que esto signifique la reducción del rigor para comprobar informaciones y al servicio de historias incompletas. Más bien considero oportuno la reducción de los tiempos innecesarios para la construcción, ponderación, revisión, análisis y publicación de una cualquier noticia.