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Sobre la Franja y la Ruta

La pasada semana estuve en el encuentro denominado la Franja y la Ruta que se celebró en Beijing, en cuya inauguración participó el presidente chino Xi Jinping con un discurso en el que explicó el concepto del ambicioso plan de características globales. Participaron también líderes de la talla de Vladimir Putin, presidente de Rusia; Recep Tayyip Erdogan, mandatario turco; Alexis Tsipras, primer ministro griego; la jefa de Estado chilena, Michelle Bachelet; la directora gerente del Fondo Monetario Internacional, FMI, Christine Lagarde; el secretario general de la Organización de las Naciones Unidas, ONU, António Guterres y personalidades del mundo intelectual, académico y empresarial.

Participé en mi calidad de presidente de la Conferencia Permanente de Partidos Políticos de América Latina y el Caribe, Copppal, como una gran cantidad de fi guras latinoamericanas que llegaron hasta Beijing bajo el interés del gobierno del gigante asiático de convertir a la antigua Ruta de la Seda en un esquema de comercio mundial en el que no esté excluida ninguna región del mundo. Nuestra participación, por lo tanto, fue dirigida hacia el estrechamiento de las relaciones, no solo con China sino con los demás países que integran la Franja, aquel corredor comercial terrestre llamado a abrirse paso más allá de la facilitación de comercio, porque la idea es involucrarse en el intercambio de conocimiento, tecnología e incluso el cultural, en el que la ruta marítima servirá de complemento al esquema.

La defi nición del concepto deja claro que más que la restauración de la antigua Ruta de la Seda, lo que se busca es el reencauzamiento de la globalización para moldearla de acuerdo a los intereses de todos los países del mundo, porque, el modelo “obsoleto”, como lo defi nió el presidente Putin en la actividad, estaba orientado hacia la protección de los intereses occidentales, ahora visto de desde una óptica incluyente, lo que ha despertado el interés de más de 100 países y una cantidad importante de organismos internacionales, la Franja y la Ruta, que procura el benefi cio mutuo, pudiera ser la base para construir una nueva civilización como afi rmó el líder ruso.

La globalización es un proceso indetenible, ligado al avance de la ciencia y la tecnología; al desarrollo de la navegación marítima y aérea, al de la comunicación, sobre todo satelital que puede hacer converger a la humanidad en un espacio tiempo que burla las distancias y pone a todos de forma simultánea a presenciar acontecimientos sin importar donde se produzcan.

De lo que se trata es de orientarla en un sentido humano, donde el centro de las políticas sea la gente y no el capital; que si el comercio se facilita y fl uyen los demás factores de la producción, el arte y la cultura, sea para benefi cio del Hombre.

El proyecto que pretende redefi nir el proceso de globalización, busca un mundo más habitable y solidario, para lo que se requiere aplicar políticas globales encaminadas a la protección del medio ambiente, el combate a la pobreza y la lucha contra la obscena desigualdad económica y social que ha generado la desbordada ambición del capitalismo salvaje. Con la llegada al poder del presidente estadounidense Donald Trump y la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea, el obsoleto modelo de globalización entró en una crisis que ha dado oportunidad al proyecto de la Franja y la Ruta.

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