Opinión

FIGURAS DE ESTE MUNDO

Crimen y confesión

Pocos escritores han descrito tan trágicamente el alma humana y los conflictos personales íntimos como Dostoievski. En su novela “Crimen y castigo”, predica una redención de las culpas mediante la confesión, el sufrimiento y el amor. El personaje central de la novela, Raskolnikov, es una figura inteligente e introspectiva que se cree justificada al asesinar a una anciana usurera, que había acumulado una fortuna a expensas del dolor ajeno. Pero el asesinato -o su simple intención- no se justifica. Así lo aclaró Jesús: “Oísteis que fue dicho a los antiguos: No matarás, y cualquiera que matare será culpable de juicio. Pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano será culpable de juicio...” (Mateo 5:21,22).

En el desarrollo de la narración, Raskolnikov sufre intensos remordimientos. El crimen que había creído justificado le azuza la conciencia. Se pregunta angustiado: “¿Por qué mi conducta les parece tan fea? Además, tiene lugar un tenso diálogo entre la policía y él, hasta que acude a entregarse.

No hay duda alguna. El asesino ha violado la ley de Dios y de los hombres. Raskolnikov halla la redención de su culpa únicamente cuando confiesa su crimen y acepta el amor purificante de Sonia. Después de la confesión y el castigo terrenal, decía ella, su amado podía aspirar al perdón de Dios y de los hombres. Claro, la clemencia divina es más perfecta que la humana. “Si confesamos nuestros pecados -dice San Juan-, Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad”.

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