Opinión

DE VARIADOS TEMAS

Increíble, aunque posible

Me resisto a creer lo que he escuchado decir a algunos comentaristas: Que el Gobierno, de manera expresa, dejó que el problema de la basura en la Capital creciera en proporciones desorbitadas y altamente peligrosas para la salud ciudadana, con el fin de que “arropara” el escándalo de Odebrecht, tomando el protagonismo creciente que éste exhibe desde hace meses.

En el estricto juego oscuro de la política, tal como se juega en muchos países, la idea de generar un escándalo para desplazar a otro que esté causando mellas considerables en la popularidad de un gobernante, no es precisamente propiedad exclusiva del maquiavelismo antiguo. La historia contemporánea está llena de casos similares, donde se ha recurrido a provocar escándalos diplomáticos, levantamientos urbanos pre-fabricados, complots para derrocar al gobierno, etc. En otros casos, la naturaleza se ha confabulado a favor del bandidaje político, enviando terremotos y huracanes que, con su acción destructiva, se alzan con la primera plana haciendo que cualquier otro tema se relegue a un segundo plano. Aún ante lo posible, en el caso nuestro, repito, me resisto a creer que se haya acudido a esa estrategia, a pesar de que no termina de aclararse lo del contrato de venta de los terrenos de Duquesa; de que la comisión de las cámaras determinó que no hubo tal sesión donde se aprobó la venta; de que tampoco se envió ese informe a Procuraduría, como afirmaron; a pesar de que la alternativa de Boca Chica es un crimen ecológico; de que en el CEA, según su administrador, se han cansado de buscar archivos y no encuentran documentos que ratifiquen la venta de los terrenos a la empresa Lajun, y a pesar de que el Gobierno, vía Medio Ambiente, tardó en afrontar un problema que hace mucho había dejado de ser “rebatiña” entre cabildos y empresarios, para constituirse en asunto de Estado.

Pero si la historia termina mañana diciéndonos que estoy equivocado en mi creencia actual, roguemos a Dios que se ocupe de aplicar el castigo que merecen los indolentes.

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