Opinión

Reacción del crimen

El país quedó impactado con la muerte de Delcy Yapor de Acosta, una madre de cuatro valiosas hijas dedicada a servir en la parroquia El Buen Pastor del sector Evaristo Morales… Y por lo que se desprende de la carta de perdón de su esposo al autor del disparo que le segó la vida, forjadora de una familia de excepcionales valores cristianos.

Además de la tragedia social que constituye este caso, han quedado dos familias devastadas porque subyace la que también padece el ex raso del Ejercito Franklin Padilla Núñez, autor del disparo homicida, que quiso actuar como auxiliar de la ley cuando al presenciar un asalto persiguió a los atracadores y uno de sus disparos atravesó el parabrisas del minibús que conducía doña Delcy provocándole una herida mortal.

Padilla Núñez pidió perdón a la familia y su caso deberá ser evaluado por la Justicia considerando las atenuantes propias de un homicidio involuntario, pero lamentablemente deberá pagar a la sociedad por una acción que si bien fue bien intencionada y hasta valiente, no deja de ser temerario hacer disparos en una zona residencial y comercial a una hora de mucho movimiento, utilizando un arma que --como agravante--, portaba de manera ilegal.

Esta infortunada tragedia deja una vez más en evidencia la gran cantidad de armas en posesión de la población civil… Como si viviéramos en una especie del Viejo Oeste norteamericano donde en cada esquina aparece un “Wyatt Earp” pistola al cinto.

Son muchos los elementos latentes en este problema, pero el principal reside en la propia situación de inseguridad que padece la población, que genera resistencia a cualquier intento para regular o limitar el porte de armas de fuego en manos de civiles, ya que se replica la necesidad de la protección personal ante la incapacidad de las autoridades para enfrentar el crimen y el delito común.

Quienes sostienen este argumento no reparan en que portar un arma de fuego no necesariamente previene ser víctima del delito sino que por el contrario a veces lo provoca… De entrada el criminal siempre tendrá a su favor el factor sorpresa y el deterioro de la seguridad ciudadana y la temeridad de los delincuentes ha llegado al punto de que las armas son un atractivo para atracar, incluso a militares y policías… Y el que va a robar un arma de fuego, primero mata a la victima, al punto que parece más seguro moverse desarmados por las calles.

A pesar de esa realidad, es tal la indignación causada por la muerte de la señora Yapor, que algunos han llegado a la irresponsabilidad de poner circular por las redes sociales videos y documentos llamando a la población a armarse y a enfrentar por si mismos a los delincuentes, cuando precisamente el autor material de esa muerte fue un hombre armado que pretendió tomar la justicia en sus manos o al menos suplir las defi ciencias del Estado ante una delincuencia que nos tiene desbordados.

Los dominicanos, hartos de esta delincuencia, vivimos asustados, encerrados y en zozobra cuando un miembro de la familia tiene que salir a trabajar o estudiar… …Porque si en algo ha fracasado el gobierno del Presidente Medina, es en su política de seguridad ciudadana… Y eso es otorgando la indulgencia de llamar “política de seguridad ciudadana” haber puesto todos los huevos en la canasta de Gustavo Montalvo y un grupo de sus colaboradores a través del 9-1-1. Un programa maravilloso… Pero para atender a las victimas después que son atracadas y heridas o para levantar sus cadáveres.

Para entender la carencia de planes de seguridad o la inefi cacia de los que se desarrollan basta con analizar los hechos en torno a la muerte de Delcy Yapor… Todo se origina en un atraco perpetrado por dos individuos en una motocicleta, el método utilizado para cometer cerca del 80 por ciento de los atracos… Tenemos al menos diez año parloteando sobre la necesidad de regular a las motos asignado chapas especiales y asignando números de identifi cación que tanto los conductores como los pasajeros estarían obligados a llevar en el casco y en un chaleco especial diseñado para estos fi nes.

Con medidas de este tipo, Bogotá logró reducir a su mínima expresión los asaltos y asesinados desde motocicletas, algo que durante décadas costó miles de vidas y atormentó a millones de colombianos.

No es tan difícil tomar medidas concretas que impactan en la seguridad ciudadana… Sólo hace falta voluntad política, la que se tuvo en Colombia. ¿Qué más debe pasar en este país para que el Gobierno se decida a tomar acciones que devuelvan un mínimo de seguridad a los dominicanos…?

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