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Puntos de vista sábado, 20 de junio de 2015

DE LA MISMA TINTA

Ser astuto o tener astucia

FRANZ B. COMARAZAMY F.
fcomarazamy@gmail.com

En muchas ocasiones de nuestras vidas se verifican eventos que nos ponen de cara con una realidad, que por nuestra forma de ser, de crianza o convicción, no somos capaces de interpretar, o nos resistimos a ser enredados por una artimaña. Del ser humano hay dos cualidades o atributos destacables y que, sin lugar a dudas, son indispensable para crecer, relacionarnos, desarrollarnos y llevar una vida cimentada en la paz y la felicidad. Me refiero a la astucia y a la bondad.

Ser astuto es practicar la vida con cierta habilidad. Es sortear las vicisitudes del día a día con tal agudeza mental, que sin provocar daño a los demás, se consigan logros y crecimiento a nivel personal o colectivo. Bajo esta acepción debemos inferir la existencia de un grado de bondad considerable.

De lo contrario, tener astucia implica la carencia de la virtud bondadosa. Solo se advierte esta cualidad en personas con intención maliciosa, con sobrada experiencia en el arte del engaño y para los que con artificio alcanzan sus metas.

Si descomponemos lo antes descrito, obtenemos dos directrices que son el “ser”, apelando a la integridad y a lo moral, y por otra parte, el “tener”, denotándolo en un matiz sagaz y vil. Ser astuto o tener astucia, convergen en un punto de cautela, cálculo y destreza común. Está en nosotros asumir el nivel de incidencia de la bondad en nuestras acciones.

Aquí va una pauta: “Miren, Yo los envío como ovejas en medio de lobos; por tanto, sean astutos como las serpientes e inocentes como las palomas.” Mateo 10:16.