¡Cosas veredes en el camino!
Una frase intensamente conocida de la obra Don Quijote de la Mancha, que expresaba: “Cosas veredes que farán fablar las piedras” tiene su origen literario más antiguo que la extraordinaria novela de don Miguel de Cervantes y Saavedra, pues se remonta al romancero del “Cantar de Mío Cid”, cuando Rodrigo Díaz de Vivar, le dice al rey Alfonso VI, al plantearle al monarca conquistar Cuenca: “Muchos males han venido por reyes que se ausentan... Y el monarca le replicó: Cosas tenedes, Cid, que farán fablar las piedras”, lo cual obviamente no es óbice para que la obra del más trascendental del novelista español, sea hoy un indiscutible conjunto de expresiones para justipreciar realidades en la vida cotidiana. Por eso, al referirme a esta popular expresión lo hago con intensión de manifestar el sentimiento de incertidumbre que nos invade al ver algunas de las cosas que ocurren a nuestro alrededor, que sería similar decir “Lo que hay por verse”, a propósito de la entrada en vigencia de la nueva Ley Orgánica de las Fuerzas Armadas, y las cabriolas para su cumplimiento, dejándonos la sensación de estar en el país del nunca jamás. Con ésto no busco respuestas porfías al reciente cuestionamiento escrito de tres oficiales generales, que siendo de instituciones y promociones diferentes, coincidimos cabalmente en los planteamientos institucionales apegados a la Constitución, Ley Orgánica y Reglamentos Militares. Esta vez, quiero circunscribirme a una Ley que de por sí despuntó natimuerta, no por su compendio legal, sino en la acción de su cumplimiento, para lo cual supuestamente fue promulgada. Todo esto ante la incertidumbre e inquietud que genera su incumplimiento y no apego a los lineamientos que dieron lugar a sustituir la antigua Ley, y la respuesta que emana del mando, sin apenas intentar justificar el abandono de la utopía, simplemente decir: “es una decisión del Presidente”. Con asombro observamos la designación de oficiales con el grado de coronel como comandantes de brigadas, que como tal están reservadas para ser dirigidas por Generales de Brigadas, y oficiales designados que tenían menor antigüedad que los propios que estaban en estas unidades. Pasmo causó la designación de oficiales del alto mando desempeñando otros cargos, en adición a sus funciones y responsabilidades, un hecho sin parangón e incompatible con las obligaciones que conllevan el direccionamiento de las Fuerzas Armadas, entre otros aspectos. Igualmente sorprendida resultó la sociedad, y supongo que los subordinados, pues en reseñas periodísticas se anunció días antes del 27 de Febrero que no habrían ascensos al grado de general ni tampoco retiro de los mismos, pero en una fecha diferente a la establecida en la propia Ley, son ascendidos nuevos Oficiales Generales. La justificación la recoge la misma prensa local, cuando se especifica que al “no existir Ley Orgánica, los ascensos que se efectuaban llegaban a más de 6,000, pero que ahora la cantidad iba a bajar porque la legislación establece requerimientos como cursos especializados, años en el rango y otros requisitos”, expresiones estas que parecen obviar el hecho de que siempre hemos tenido Ley, y que evidentemente, solo ha faltado voluntad política y correcta asesoría del mando militar para aplicarla. Reconociendo la excesiva cantidad de generales y almirantes en las Fuerzas Armadas, entonces ¿Por qué hubo ascensos y que funciones desempeñarán? Y es que, resulta paradójico que en el borrador originar de la Ley sometida, en su Artículo 265 sobre “Aplicación de la Gradualidad” relativo al establecimiento de las plazas de generales y almirantes en las FFAA, se precisa que sería aplicable en un plazo no mayor a (6) años a partir de la promulgación de la presente Ley. Durante ese periodo, por cada coronel o capitán de navío ascendido, se pondrán en retiro (3) generales o almirantes, según la institución a la que corresponda. Pero este Artículo, al igual que otros, fueron eliminados en la nueva Ley Orgánica de las FFAA, y sustituido por el Artículo 264 de la Ley aprobada y vigente, que establece que el ascenso a la categoría de general o almirante, está condicionado a la existencia de plazas disponibles, cuyo número nunca será mayor de una (1) plaza por cada mil (1,000) miembros de la institución militar que se trate. En ambos casos, los mandatos han sido inobservados y violando lo estatuido. Como también, en el borrador originar se establecía como única fecha para ascenso y retiros del personal militar, el 27 de Febrero de cada año en virtud de ser la fecha y día de fiesta nacional conmemorativa de la Independencia de la República (Artículo 111, Párrafo Único), mientras que el Artículo 112, Párrafo Único de la Ley vigente, no establece fecha para ascenso institucionales, sino la semana conmemorativa de la Independencia Nacional de cada año. No tengo conocimiento que nuestra Constitución y Leyes establezcan una semana conmemorativa a la fecha Patria, tampoco se establece una fecha para el retiro, dejando la incertidumbre acostumbrada o una especie de lotería, donde solo pierde quien no posee el manto protector del círculo del poder. No es ganas de buscar la “quinta pata al gato”, ni mucho menos criticar por hablar, pero lo hago con la mejor intención y con el permiso de aquellos que no pueden externar sus ideas públicamente, porque sería una indisciplina y desobediencia al mando superior, por ser instituciones en la que el respeto, obediencia, disciplina, lealtad y subordinación están por encima de las apetencias personales, y constituyen las inquebrantables columnas de las instituciones armadas de la nación, opinión que externo como pasado militar, hoy ciudadano preocupado. Por respeto a ellos, el mando superior debe pensar y actuar en función de sus subordinados, pues solo así puede lograrse la correspondencia armónica que debe existir en todo cuerpo armado. De nada sirve tener nuevas y avanzadas leyes, si no se van a cumplir, como tampoco se pueden cumplir a medias o a retazos como el sastre del pueblo, tratando de mostrar como algo normal ante las instituciones y la sociedad, realidades que desde ningún ángulo que se miren, ni son legales ni legitimas, solo engendran la suficiente incertidumbre para exclamar “Cosas Veredes, Amigo Sancho”.