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FUERA DE CAMARA

Balaguer, viejo y ciego, en terrenos de Aníbal 

Dicen sus enemigos que con la vejez e invalidez, Balaguer “pagó todas sus culpas...” Porque cayó en terrenos de Aníbal, oscuro personaje que por muchos años medró a la sombra de sus insaciables hermanas ocupándose de las tareas más ingratas de la casa. Y de él llegó a depender para todo, menos para respirar. En silencio, sin que casi nadie lo notara, en la práctica Aníbal llegó a compartir todo el poder con su amo... Sólo él, Aníbal, pudo romper el impenetrable hechizo que acorazó a Balaguer mientras pudo valerse por sí mismo. Hombre en extremo enigmático, en el entorno de Balaguer prevaleció siempre el misterio y los temas tabúes. Y aún cuando con los años se produjo alguna elasticidad por su invalidez, su intimidad fue simplemente impenetrable hasta por sus más cercanos servidores y allegados. Menos por Aníbal Aníbal era quien administraba la invalidez visual y física de Balaguer: Lo acompañaba en las noches, lo llevaba al baño, lo aseaba, lo empolvaba, lo vestía, le anudaba la corbata, le ponía la chaqueta... Fue su lazarillo hasta el día de su muerte. Su otro hombre de confianza fue Bello Andino, eterno secretario privado y albacea de su nombre y legado histórico. Pero jamás con el nivel de confianza de Aníbal. Fue tal esa dependencia, que Aníbal compró la casa vecina en la Máximo Gómez 23, donde alojó a su familia, para poder dedicar todo el tiempo, el día y la noche a los cuidados del anciano caudillo. Sin duda fue un extraordinario sacrificio, pero por algo a cambio: ... ...Una ilimitada extensión del poder, un cheque del Estado en blanco al portador o ómejor aúnó algo así como el duplicado de una tarjeta de crédito sin límite. Sólo en semejante circunstancia, de completa dependencia, pudo romperse ese halo de misterio que hizo de Balaguer una de las figuras públicas más enigmáticas de la historia política dominicana. Rediseñaron la casa Contrario a lo que piensa mucha gente, Balaguer nunca vivió en la Máximo Gómez 25. Muchos años antes de morir su madre, construyó su propia casa en la parte posterior de la residencia materna con entrada independiente por la calle paralela. Y allí vivía solo. Pero con la pérdida de la visión hubo que rediseñar su hábitat: Se instaló un ascensor interno que iba de su biblioteca en el primer piso hasta la misma puerta de su habitación en el segundo piso. Se colocaron barandas metálicas para poder guiar sus movimientos y se preparó el baño para que una persona invidente pudiera administrarse con relativa autonomía. Y así pasó Balaguer los primeros tiempos de su invalidez visual. El tiempo siguió pasando y con él llegaron otros problemas físicos motores. Una grave flebitis lo llevó en estado muy crítico a los Estados Unidos para un delicado tratamiento quirúrgico que le evitó una amputación, no así una semi-invalidez que limitaba sus movimientos y apenas podía levantar los pies. Pero aún así no dejó de ejercitarse. Sus caminatas vespertinas en el Mirador son antológicas. Porque hablaba con la prensa casi todos los días y de ahí salieron historias para escribir una enciclopedia. Nadie ha puesto en duda jamás el “sacrificio” de Aníbal todos esos años. Sólo hay que reflexionar un poco sobre lo que implicó para él y su familia tantos años de entrega y tantas horas de insomnio cuidando a un anciano nonagenario y ciego que lo necesitaba para todo... Menos para respirar.

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