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ORLANDO DICE...

De Hipólito a López Obrador

LA CUESTIÓN.- A menos de dos semanas del PLD haber demostrado en las elecciones que “la unión hace la fuerza”, y la fuerza gana, el PRD regresa a los viejos caminos. Se lía en una de sus conocidas confrontaciones y bordea de nuevo la división. Los perredeístas se engañan o se dejan engañar.Creen que están creando condiciones para que Hipólito Mejía juegue extra inning. Sin embargo, ese tiempo de más beneficiaría a dirigentes que hace mucho debieron ocupar la obligada mecedora del retiro. Si hubieran preguntado en la reunión de la “comisión política” de la semana pasada quiénes aspiraban a la presidencia del partido, muchas manos se hubieran levantado. Pues entre los congregados se mencionaban nombres. Esto es, que el problema llamado Miguel Vargas no es de ausencias ni de traiciones, sino de posicionamiento. Y ni siquiera de liderazgo. La presidencia del partido abre todas las posibilidades. La candidatura del 2016, pero también la interlocución con el gobierno. Cuando Danilo Medina llame ¿Quién responderá?... MORAL.- En Santiago fueron más lejos, pues declararon a Hipólito Mejía “presidente moral”, a la manera de Andrés Manuel López Obrador cuando perdió del actual mandatario Felipe Calderón. Segundas partes nunca fueron buenas. Los perredeístas de la ciudad corazón, y por si se contagian, los de la capital, deben investigar lo sucedido en Méjico hace seis años, pues podrían estar contraviniendo a su propio líder y provocando el efecto bumerang que tanto teme. La renuencia del candidato del PRD de allá en reconocer la victoria de su oponente del PAN, lo convirtió, por caprichoso, en un paria del sistema. Es ahora, y porque el aspirante oficial, antes que subir, baja, que recupera espacio y las encuestas ya lo registran en segundo lugar. Distante -hay que decir- del sorprendente candidato del PRI, pero sí constituyéndose en el otro polo. De manera que no puede jugarse con la suerte, o considerar definitivo lo que es coyuntural. Los dos millones y pico de votos fue un alto average, pero cada temporada es diferente, y los números de una no garantizan el éxito adelantado de la otra.. EL PREMIO.- José Francisco Peña Gómez fue el presidente moral de las elecciones de l994, y ni siquiera puede decirse que fuera un premio de consolación. Como se dice del tercer premio, nadie supo donde fue a caer, pues dos años después el PLD era gobierno. Y lo fue porque supo hacer los cálculos y las reparaciones de lugar. Un vehículo, el que sea, después de un largo viaje debe someterse a revisión. Hipólito Mejía compareció ante los perredeístas de Santiago, pero se olvidó de su nueva condición de ex candidato y habló como si todavía estuviera en campaña. Como si fuera candidato. Su confrontación sigue siendo con el presidente Leonel Fernández, pero no por las políticas que aplica, sino por su propósito de destruir al PRD, del mismo modo que ña su juicio- lo hizo con el PRSC. Helo ahí. El autoproclamado líder de oposición en un escenario equivocado. Quiere pelear, o va a pelear, con el gobernante saliente. Pero lo que es peor. Lo hace a la defensiva, cuando se supone que la oposición, para poder cumplir su papel, debe estar siempre a la ofensiva. La tarea inmediata es sobrevivir... EL RIESGO.- Cuando se juega a la política, y se hace a la manera de los niños, con tierra y un palito, se corre el riesgo de que la política juegue con uno. La estrategia de campaña de Hipólito Mejía fue corriendo, como el estudiante de la película que, urgido de tiempo, no se desayuna, sino que toma una manzana para írsela comiendo camino a la escuela. La estrategia de oposición, al parecer, va a ser igual. Sin pararse a pensar un momento. La reunión de la semana pasada fue un cadalso para cortar cabezas que eran impropias o molestosas, no un seminario de análisis, de corrección, y en consecuencia, de nuevas tácticas. Denuncia al mandatario como causante de la destrucción del PRD, creyendo que puede embobar a los perredeístas y convencerlos de que apoyen su causa. Claro, está pensando en el Tribunal Superior Electoral y el Tribunal Constitucional, órganos a los cuales podría llegar un aspecto del problema. El de la legalidad. El presidente estará advertido, pero si no, esa decisión contraria a sus intereses sería parte del esfuerzo por destruir la organización. Como si todos, el partido y el país, se hubieran graduados de tontos...

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