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Monumento al exceso

En las jornadas de campaña volaron piedras, botellas al aire, unas impactaron la cabeza y el rostro de un hombre y una dama en las caravanas de la familia presidencial. Las caravanas en que participaban el hijo, la Primera Dama y el Presidente fueron agredidas, pero es honesto decir que sus vidas no corrieron peligro.Los agresores no lograron pasar las vallas humanas ni el cordón de seguridad que cuida de ellos, y éstos afortunadamente no usaron sus armas. Claro, hizo sonar las alarmas y, a pesar de lo ocurrido, incluso un muerto en Gaspar Hernández. Ni una sola mención a esos preocupantes y graves incidentes. ¿Por qué? Simplemente el deseo de algunas “connotadas organizaciones” era que cuanto peor, mejor. Es decir, la oposición azuzaba muertos que convulsionaran el país y que pudieran remover la losa del desenfreno para revertir resultados electorales. ¡Qué benevolentes con los implicados! Era a la franca: “reventar al contrario para salvar la democracia dominicana que está en juego”. Gente clara y manifiestamente contraria a la Ley. Sin embargo, voces que debieron elevarse, callaron en forma “absurda e irracional”. Sencillamente los prejuicios le obnubilaron para entregarse a la ilegitimidad antidemocrática y al lamento ritual contra los peledeístas que, según su particular inconciencia, “han llevado a cabo el peor gobierno de la historia dominicana”. Sedicentes demócratas sostuvieron que era necesario “salir de este gobierno dictatorial de Leonel Fernández, quien ejerce un poder disolvente y destructivo de la dignidad del pueblo dominicano”. Hay que colegir que solo la esquizofrenia política permite esto. ¿Qué misterio encerrará “esta sociedad civil”, que tradicionalmente ha tratado de forma complaciente al que ha debido juzgar con menos dulzura?. En los últimos años, el peledeísmo, sus líderes y sus gobiernos han recibido un vendaval desligitimador de determinados “progresistas” que han usado hasta las más flagrantes mentiras como arma arrojadiza. Por si fuera poco, los corifeos mediáticos contrarios al Presidente, quienes vendieron a quien quisiera oírle que ellos eran lo suficientemente fuertes y decididos para darle un giro al poder en la República Dominicana, se obstinaron a las peores de las querellas: la venganza, los trucos y las acusaciones más sórdidas. Nos dice un jurista español que “cuando una mente prejuiciada presenta sus conclusiones, todo lo que resulte de la investigación es irrelevante e incluso incómodo”. Su nutrida crítica la han mantenido porque se sienten excluidos. Parecían encantados en querer demostrar que “sí, sin dudas”, Leonel es el diablo travestido, y al mismo tiempo presentando un “sumiso” Danilo considerándolo dentro de la típica práctica “del servilismo del débil y la arrogancia del fuerte”. Ese ha sido uno de los símiles preferidos por los sustentadores de esta campaña, que, sin embargo, esta vez la comparación fue más rotunda y detallada que de costumbre. Quisieron hacerse pasar como los únicos árbitros válidos, construyendo un monumento de excesos que los ha llevado a ser perdedores también

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