Opinión

FUERA DE CÁMARA

Deuda vieja no se paga, y la nueva...

Es una vieja frase de Lilís que algunos morosos atribuyen a Balaguer y que Balaguer nunca dijo: “Deuda vieja no se paga, y la nueva se deja poner vieja”. Balaguer nunca dijo eso porque, estadista al fin, siempre honró los compromisos de los gobiernos que heredó, como en el año l986 cuando encontró una deuda que amenazaba la estabilidad hasta de los pequeños negocios de ferretería. Y ni qué decir de l966, que recibió un país en bancarrota después de la guerra. Con su proverbial incontinencia verbal que no logran controlar ni siquiera los más rigurosos estrategas de su campaña, Hipólito Mejía se pasó de simpático en un acto con los pequeños y medianos empresarios. Con fina voz aflautada que pretendía imitar a Balaguer, al candidato perredeísta se le zafó el seguro y citó la frase que algunos historiadores le atribuyen al presidente Ulises Hereaux, en una de sus geniales salidas ante el compadre que le reclamaba honrar una vieja acreencia. Hubo risas y aplausos, pero también rostros serios y adustos porque en la concurrencia había algunos suplidores del gobierno con deudas pendientes desde que él, Hipólito, era presidente. A esos se les pusieron viejas sus deudas. Pero otras son aún recientes. De todas formas, la advertencia fue para todos: “Cobren ahora... Porque Balaguer me dijo que las deudas viejas no se pagan y las nuevas se dejan poner viejas”. Y Danilo le respondió de inmediato: “Que nadie se preocupe porque él no tendrá que pagar ninguna... Jamás volverá a ser Presidente”. Plaza de la BanderaLa Plaza de la Bandera inaugurada anteanoche por el Gobierno es uno de los espacios públicos más bonitos que hay actualmente en la ciudad. Con una inversión mínima, por tratarse de una obra de gran significación y belleza –costó 80 millones de pesos– con este monumento a la Bandera se honra también simbólicamente al soldado desconocido. Su mantenimiento ha quedado a cargo del Ministerio de las Fuerzas Armadas, por decreto del Poder Ejecutivo, lo que hace suponer que se aplicará alguna fórmula para evitar su deterioro y arrabalización. Habrá que disponer también de un presupuesto para su mantenimiento. El esfuerzo desplegado por el presidente de la Comisión de Efemérides Patrias, Juan Daniel Balcácer –llamado por Nandy Rivas y los tobys “el otrora joven historiador”– es digno de reconocimiento. Lo mismo que el trabajo de restauración del director de la Oficina de Ingenieros Supervisores de Obras del Estado, ingeniero Luis Sifrés. La tarea ahora es de los militares que tienen que garantizar el bueno uso de esa plaza. A propósitoEn ocasión de honrar con un monumento al soldado desconocido, en la Plaza de la Bandera debería instituirse una ceremonia de cambio de guardia similar al que se produce en la Puerta del Conde para honrar a los Padres de la Patria. Lo primero es mejorar la rutina del Parque Independencia y especializar un cuerpo de cadetes de último año con uniformes impecables para cumplir esta tarea. Debe evitarse, sobre todo, la celebración de actividades multitudinarias que atenten contra la solemnidad de una plaza que honra a la Bandera y a las Fuerzas Armadas con el monumento al Soldado Desconocido. Y mucha firmeza, en especial, en no ceder esa plaza para el montaje de shows artísticos con combos o bandas de merengue y bachata. Sería como condenar ese espacio a la arrabalización y al imperio del tigueraje. En cambio, pueden celebrarse actividades culturales, conciertos sinfónicos con la participación de las escuelas musicales de los pueblos, retretas con las bandas militares y montajes de obras a cielo abierto con pase gratis para la gente más humilde del pueblo. Las Fuerzas Armadas tienen la oportunidad de mostrarse. Y el teniente general Joaquín Virgilio Pérez Féliz la ocasión de lucirse.

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