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ORLANDO DICE

Los efectos de las encuentas, los aliados y el pánico electoral

EFECTOSLas encuestas de los últimos días provocaron efectos colaterales contrarios a los fines de su publicación. Los pequeños grupos tomaron nota y se dieron cuenta de que sus caudales son necesarios para que las candidaturas mejor acreditadas alcancen su cometido. Que una está sobre la otra, bien. Que se hallan cerca, igual. Ninguna tiene el porcentaje requerido para irse en la primera vuelta, y si tuvieran que ir a una segunda, ellos hacen la diferencia. Danilo Medina habló de relanzar el Bloque Progresista al momento de recibir respaldo del Partido de los Trabajadores. Pero ese es un propósito, no una realidad. Todavía falta conversar con sus integrantes, y saber si se hará uno a uno o de conjunto. Es decir, que es una carta que se conoce, pero que aún no está sobre la mesa. Intriga la actitud o disposición de ánimo de los convocados. Cuando la volteen, el valor no será el mismo, y el poker será una partida de expectativas. Y lo será porque hay m‡s de una mesa o m‡s de un casino. El oponente principal, Hipólito MejÏa, se mantiene atento y hace parte del juego... LOS ALIADOSLas encuestas publicadas sirvieron m‡s a los potenciales aliados que a los partidos o candidatos que las encargaron, pues confirmaron sus expectativas. Lo que en un primer momento se consideró una aventura, ahora constituye una ventaja. Hubo grupos como la APD, por ejemplo, que decidieron ir solos, contando con el pálpito o el riesgo de que ni Danilo Medina ni Hipólito Mejía tendrían fuerzas suficientes para imponerse en la ronda inicial. Dudaron de que Medina igualara el fenómeno de Leonel Fernández, y de Mejía recordaron que en el 2000 pasó porque amarró una chiva en la casa de Joaquín Balaguer. Max Puig y su gente ahora se lanzan al ruedo como los más fieros opositores al gobierno, denunciando todas sus políticas y sin reconocer ningún posible méritos. Ni en Trabajo, y mucho menos en Medio Ambiente. La intención es poner en ascuas al oficialismo, evitar que Medina despliegue todas sus alas e impedir que se vaya en la primera vuelta. En el escenario de segunda, y si las cosas salen como se planearon, con la APD habrá que hablar, y hablar bien, y no desde la posición indigna del que recoge sobras... EL PÁNICOOtros núcleos como la Fuerza Nacional Progresista, por ejemplo, quisieron jugar esa baza, pero entraron en pánico ante el empuje casi arrollador de Hipólito Mejía. Se dieron cuenta de que detrás del relajo de “Llegó Papá”, existía la connivencia de sectores sociales y económicos importantes, cuya agenda de poder no dejaba dudas. La determinación era tan firme, dura y densa que hasta podía tocarse como una piedra: desplazar al oficialismo sin importar quien encabezara la boleta. Vincho Castillo y sus más cercanos sintieron algo espantoso, casi grima, y no respetaron ñni siquierañ las formas. Eso de decir de sopetón: “ÖPelegrín tiene que esperarse Ö”no fue una salida elegante. El diputado Pelegrín Castillo, se suponía, ya no era el hijito querido de papá que se manda en pijama de castigo al cuarto. Era o es un candidato, y tal vez sea el mejor definido ideológicamente. Hizo su caminata sola, sin el apoyo de los suyos, y ahora por miedo lo hacen apear del caballo, pues no pueden correr el riesgo de creyendo en la segunda vuelta, MejÏa se cuele en la primera... LOS EGOSLos otros son los otros. También se confían en la segunda vuelta, pero lo de ellos es el encanto de la política por la política misma. Ahora juegan a la posible candidatura unitaria, y consiguen espacios en los medios, sabiendo ñunos y otrosñ que no son capaces de levantar una primera planta, menos una escalera para llegar al cielo. La confusión entre ellos no sería de lengua como los hijos de Noe que se perdieron en erigir una torre en Babel, sino de egos tan grandes y tan rotundos que no pueden andar por un mismo camino... LA QUEJAApreciado señor Gil, Leí su columna esta mañana como todos los días y me parece que su forma de tratar al Dr. Max Puig es un poco tergiversada. Entiendo que la participación de un ciudadano del calibre del Sr. Max Puig es honrosa para cualquier gobierno. Él es una de las raras personas que no fue al gobierno a buscar prebendas si no a trabajar a favor del pueblo y dignificó el gobierno de Leonel Fernández. Ha demostrado que se puede hacer las cosas de manera digna y honrosa, sin enlodarse. No sé mucho de esto pero me parece que si uno ve las cosas en el plan del agradecimiento clientelista, entiendo pues que fue gracias a los votos de la APD que fueron elegidos 8 senadores, más de 20 alcaldes y un buen número de diputados. Señor Gil, significa su columna que nadie puede trillar su propio camino y debe tener un reconocimiento eterno por haber hecho su trabajo de manera honesta sin pillar al pueblo. Muy atentamente,Olga Harel

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