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ORLANDO DICE...

El desafío del cuatro por ciento pasa de social a político

NUNCASi los senadores y los diputados del PLD nunca se han declarado a favor del cuatro por ciento a la educación, era iluso esperar que modificaran el Presupuesto del 2012 y le asignaran esa partida. Los promotores del movimiento se rasgan las vestiduras y los acusan de todos los crímenes imaginables cuando la verdad fue que no hicieron más que aplicar lo que su líder calificó de “mayoría mecánica”. No había de otra. ¿Cómo podían los senadores y diputados seguidores del presidente Leonel Fernández ponerlo en ridículo, haciendo ver que se podía lo que él entiende que no es el problema? ¿Por qué creer que los partidarios de Danilo Medina iban a tomarse el riesgo de atender la calle y no el Palacio Nacional? ¿Qué se ganaba desairando unos y complaciendo otros? Ciertamente nada. La gente del cuatro por ciento no hizo lo que acostumbra el campesino cuando quiere saber si la gallina está en poner huevos: meterle el dedo por detrás y determinar si la cavidad está caliente. Siempre estuvo fría... DIFERENTEEl movimiento del cuatro por ciento a la educación no es la simple movilización que se conoce en el país desde hace años, como los paros casi cíclicos de los llamados grupos populares. No solo promueve un único tema, bien enfocado, sino que se aprecian corrientes subterráneas que lo promueven con una fuerza nueva. Más que presión, es un desafío. De otro modo no se produjeran a cada momento incidentes por la sola exhibición de leyendas favorables a la causa. Es decir, que para los oficialistas el cuatro por ciento es una mala palabra y un inconveniente de gobernabilidad que las autoridades no han podido resolver. El problema de social pasa a político. En ese escenario, el político, el gobierno tiene ventaja, y lo demostró con el Presupuesto y su rápida aprobación en las cámaras. El poder siempre será poder, y cuando no fluye como algo natural, se impone. Si se duerme con la ficción de que el gobierno es minoría en la calle, hay que despertarse reconociendo que es mayoría en los poderes públicos. En este caso el Congreso Nacional... FLIRTEOSLos grupos que promueven el cuatro por ciento a educación jugaron su baza. En las calles cuando el presupuesto correspondiente al 2012 no era una realidad, como un recordatorio de una ley que nunca como hasta ahora interesó a los sectores involucrados. Después de conocidos los montos y las asignaciones, y ya apoderadas las cámaras, en el frente del Congreso Nacional. Si por vigilias era, el empeño no fracasaba. Pero hicieron más. Cuando fallaron con los senadores, cortejaron a los diputados, creyéndose el cuento de unas particularidades que tampoco resultan convenientes. Lo grave del PRD no es su condición de minoría, pues esa minoría ha logrado ñen ocasionesñ buscar entendimiento con sus oponentes del gobierno y adelantar su agenda. Lo grave es que tampoco está con el cuatro por ciento, y hace unos aguajes que desde lejos se descubre que no son más que simulación y una pose de circunstancia. A muchos del propio PRD les revienta cuando ven a Milagros Ortiz Bosch marchando: “Oh, y ella no fue secretaria de Educación?”... DISIDENCIASLos diputados se conocen todos, dentro y fuera de sus bancadas, y cuando hay interés de por medio saben como acercarse y establecer coaliciones ocasionales, incluso al margen de las líneas de sus partidos. Esa experiencia pudo haberse vivido con el Presupuesto del 2012 y el cuatro por ciento. No todo puede ser pronunciamientos para consumo de las cámaras y las páginas de los periódicos. Es más, hasta en la propia comisión que estudió la pieza hubo disidencia. Dicen que lo de Guadalupe Valdez forma parte de la ingratitud de la APD, que ahora hace fiera oposición al gobierno buscando posicionarse con su candidato Max Puig. Pero sea lo que fuere, estuvo a favor del cuatro por ciento. También están los casos de peledeístas que no acogieron la línea del partido, como Radhamés Camacho, que no es cualquier diputado, pues pertenece a la cúpula. Es decir, que brechas hubo. Entre esas contradicciones pudo haberse colado el movimiento y maniobrado con mejor suerte. Pero eso era política, que obliga a componenda, y lo suyo era la calle, donde el sol, en vez de iluminar, quema...

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