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Qué fue la llamada Era de Trujillo

Silvio Herasme Peña

Cincuenta años es mucho tiempo, es la mitad de un siglo, dos generaciones de personas nacidas y criadas hasta la adultez; es un lapso que no se puede tomar a broma.

Hubo un señor en este país que mantuvo el control de la sociedad acumulando riquezas, -matando y apresando a sus crecientes opositores- durante 31 años, pero hace 50 años que murió de la misma manera que controló a la nación: asesinado. O mejor dicho, ajusticiado.

Rafael Leonidas Trujillo Molina nació el 25 de octubre de 1891 en la villa de San Cristóbal. Deambuló por muchos lugares hasta que logró alistarse en la Policía Nacional en 1918. Ese fue el cuerpo formado por el ejército de ocupación norteamericana para mantener el orden y combatir a los anti-imperialistas que se levantaron en armas por montañas y valles para combatir al invasor, que despectivamente los llamaba “gavilleros”.

Trujillo se destacó en la eliminación de “gavilleros”, especialmente en la zona Este del país. Esta actividad le creó una reputación de “buen ofi cial” en el seno de la ofi cialidad norteamericana.

Los norteamericanos nos dejaron esa herencia. Una especie de simbiosis de la ocupación, el gobierno de Horacio Vásquez que lo distinguía en alta estima y el mismo pueblo obnuvilado por el astuto ofi cial. Desde luego, el Frente Cívico Nacional creado en Santiago para combatir la prolongación de Horacio Vásquez -que debió entregar el poder en 1928- fue un caldo de cultivo que estimularon las apetencias del entonces larbario tirano.

De esas circunstancias viene el juicio de Juan Bosch cuando opina que la dictadura de Trujillo fue una consecuencia del proceso social y politico del pueblo dominicano.

Del asesinato de Lilís en 1899 hasta la entronización de Trujillo y su magnicidio 31 años después. Es lo que Juan Isidro Jimenes Grullón define como “nuestra arritmia histórica” Todo le fue saliendo bien a Trujillo para cumplir sus ambiciones de llegar a la presidencia. Una vez allí maquinó los acontecimienetos, especialmente las tétricas cunstancias en que dejó a la ciudad de Santo Domingo el paso del ciclón de San Zenón, el 3 de septiembre de 1930. Indefenso, vulnerable y desesperado, al pueblo no le quedó más alternativa que entregarse al hombre que lo tiranizaría por los próximos 31 años.

Desde entonces Trujillo pasaría a ser el centro de gravedad de la sociedad dominicana; nadie podría protestar; ni cuestionar al gobierno y mucho menos al entonces jefe de Estado. Y con el paso del tiempo no solo mejoraba las condiciones de vida de la sociedad, sino que él, su familia y los allegados privilegiados empezaban a controlar todo el aparato productivo importante del país.

Esa primera década de la tiranía dio rienda suelta a todo tipo de apetencias, hasta aplicó la matanza de haitianos, una cruel expresión del fenómeno que ahora conocemos como “limpieza étnica”. (1937).

Su control llegó a tal punto que las importadores de vehículos y la exportación de café eran negocios suyos o de sus íntimos. Una cementera, Molinos Dominicanos para la industria de la harina, una tabacalera que controlaba el negocio del tabaco y hasta los principales hoteles en donde se alojaban los escasos turistas y viajantes y que se constituyeron en un coto de los espías y calieses viandantes.

Ese fue el asco pese a que la propaganda del dictador hizo crecer la oposición a su despótico régimen; en el 1949 y el 1959 dos invasiones aéreas y por mar se produjeron, pero ambas fueron destruídas por la tiranía . El ejemplo, sin embargo, no fue inadvertido.

Trujillo se reputaba invencible y llegó a proclamar que aquel que osara invadir el país vería sus sesos y sus barbas “volar como mariposas”.

Su viaje al Vaticano para firmar el Concordato con la Iglesia Católica y la celebración absurda de los 25 años de la Era de Trujillo, terminaron por minar las bases sociales de la tiranía.

Su megalomania se afectò por no poder conseguir el añorado título de “Benefactor de la Iglesia”. Esa puja fue infernal y la carta pastoral del 21 de enero de 1960 abrieron las hostilidades Trujillo e Iglesia.

La oposición interna creció exponencialmente porque los hijos de los viejos trujillistas abrazaron la causa de la libertad.

Y tras la represión a los jóvenes revolucionarios creció la oposición y especialmente la represión. Las tres hermanas Mirabal pagaron con sus vidas esa heróica oposición al régimen ya anciano de la tiranía.

Esas tres muertes productos de la sevicia terminaron por decantar al país. Y la oposición cada vez más era más temeraria hasta que el 30 de Mayo del 1961, un día como mañana, cayó la cabeza mayor del régimen tiránico.

El país habría conquistado su libertad de la mano de sus hijos hastiados de un gobierno horrible y perverso. Y todos refl exionaron y proclamaron con un sólo corazón: Ya no más.

¡No habrá más tiranos en este país! Ojalá.

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