Opinión

PANCARTA

“¡¡Por fin, Rufino!!” Clamor por justicia

Raúl Pérez Peña (Bacho)Santo Domingo

Hace mes y medio, al comentar mi artículo “50 años del asesinato de las Mirabal y Rufino”, una señora apellido Cataldi (a quien no tengo el honor de conocer) me remitió este correo: “Sr. Raúl Pérez, ¡¡por fin alguien se acuerda de Rufino de la Cruz!!, ese leal y fiel chofer, que sin temor, a pesar de que sabía los riesgos, tomó el guía del vehículo que condujo a las Mirabal a visitar a sus maridos, y donde al regreso pierde al igual que ellas, su vida.” “En 50 años muy pocas veces lo han mencionado... ¿No sería héroe también?... Pues de no haber muerto allí, hubiese muerto en otro momento o lugar por tender una mano a quienes enfrentaron el reto de defender los principios de libertad que nos quitaron por casi 30 años.” “Son muchos los héroes anónimos Sr. Pérez, que sus nombres no se mencionan... y defendieron con coraje la democracia de RD...” Por esta carta y su contenido, me motivé a reenviar el texto. Recibí múltiples correos apoyando lo dicho por la señora Cataldi. Sumado a lo anterior, se publicaron declaraciones de la hija de Rufino de la Cruz clamando justicia por su padre. Días después, habló Jocho Pimentel, hijo de don Chujo Pimentel, quien recibía en su casa de Puerto Plata a las hermanas Mirabal los días de visitas a sus esposos a la cárcel provincial. Jocho Pimentel dijo: “La ocasión es propicia para hacerle justicia a Rufino de la Cruz, quien “no fue simplemente un chofer, sino un luchador antitrujillista y un luchador revolucionario, que murió respaldando a las tres mujeres que lucharon por la libertad del pueblo dominicano”. Pimentel recordó que en esa ocasión al no haber alguien que transportara a las Mirabal de Salcedo a Puerto Plata para ver a sus esposos presos, “De la Cruz tuvo el coraje de llevarlas”. Sin polemizar, lo cierto es que se ha ignorado a Rufino de la Cruz. Esta injusticia se ha acentuado desde que recorre el mundo la distorsión de priorizar el 25 de noviembre como “Día de la No violencia contra la mujer”. Ese asesinato fue de origen político, de Estado, expresión del oprobio trujillista. Por eso es justo el clamor por justicia con Rufino.

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