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ORLANDO DICE

Vargas, Hipólito, Fernández y las mediciones

Los sesgos A Miguel Vargas sus oponentes quisieron crucificarlo cuando firmó con Leonel Fernández el Pacto de las Corbatas Azules, aun cuando celebraban que se eliminara la reelección consecutiva. Fueron muchas las historias que circularon entonces que daban cuenta de que el negocio no fue sólo político, sino que había otros tratos por debajo de la mesa que dejaron pingu¨es beneficios a los intermediarios o facilitadores. Incluso, se resaltó con fines perversos el protagonismo de los ingenieros. Ahora, sin que como en la ocasión anterior haya verdadero sustento, se denuncia lo contrario: el entendimiento se da entre el gobierno y el sector de Hipólito Mejía. La “genialidad” encuentra cabida y la acusación forma parte del debate, de manera que las situaciones nuevas se originan por voluntad del oficialismo y no como consecuencia de la dinámica política. La primera piedra fue lanzada para explicar el crecimiento de Mejía. Los voceros de Vargas dijeron que el gobierno inflaba sus números, aun cuando esos porcentajes aparecían en las encuestas de los perredeístas… Lázaro Hipólito Mejía admite que hubo momentos en que sus porcentajes eran insignificantes, en que era un cadáver insepulto del que se alimentaban los buitres como carne de carroña. A mí me confesó que lo suyo era “chancleta, pantaloncito corto y pelota”, como cualquier hijo de vecino, compartiendo con los pocos compadres que le quedaron. Sin embargo, un día se levantó y empezó a andar como Lázaro, sin que mediara ningún conjuro, como sí lo hubo en el pasaje bíblico. Simplemente se cumplió el cálculo de sus estrategas. La escogencia de candidatos y las elecciones congresuales y municipales se tragaron a Vargas. Como tuvo todo el poder para decidir, cometió todas las injusticias y por igual recibió todas las ingratitudes. Esa situación era previsible, por lo que Vargas pudo haber- se preparado, o no sorprenderse de que ocurriera y busque responsables fuera de su entorno, o tan lejos como en el gobierno. La gobernabilidad (y vale para nación, partido o liderazgo) es cosa de todos los días: un plebiscito permanente, pues con el mínimo descuido se pierde parte o todo... La medicina El grupo de Miguel Vargas dejó un día de hablar de encuestas, aun cuando era fervoroso de las mediciones, pues las suyas y las ajenas daban cuenta del cambio de ánimo entre perredeístas y en la población en general. A contrapelo, los seguidores de Hipólito Mejía se dedicaron a darle su propia medicina. Incluso contrataron las mismas empresas que antes le trabajaban. Si esos sondeos fueron buenos para asegurar la anterior correlación de fuerzas, también, y sin dudas ni titubeos, para registrar los cambios de adhesión. Aunque –a decir verdad– a Vargas lo tienen cercado con las encuestas, sin que pueda hablarse de conspiración. Están las conocidas y comprobadas, pero hay otras que no son más que rumores hasta que sean publicadas. ¿Cómo un periódico encarga una medición y se la reserva? Pues de eso se habla, y las historias son dramáticas, ya que se afirma –como si se hubiera estado presente– que se llamó a fulano o a zutano para pedir cuentas por ese escamoteo, como si los propietarios o directores fueran muchachos de mandado… Las otras Desde que la embajada norteamericana quita visa y lo dice, nadie inventa como antes con sus supuestas encuestas. Ahora se habla de las que hacen empresarios (amigos de los interesados que las refieren), pero hay una que de un tiempo a esta parte tiene la mayor majestad: la del Presidente. No sólo se trata de la alcurnia, sino de la fiabilidad. Nadie cree que al mandatario lo puedan tupir. Aunque llama la atención que algo que debiera ser de Estado circule por tantas manos, pues en cualquier esquina se descalifica con esos números. También hay otra, con igual origen, pero de seguimiento. Se hace mes por mes, y no atendiendo a coyuntura electoral. Y además indaga sobre muchas cosas. La llaman El Barómetro. Todas, por alguna razón, la oponen a Vargas, quien al parecer, no tiene una que lo defienda y restablezca a la antigua situación de preeminencia…

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