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Buenas medidas

La crisis mundial se ha venido desarrollando como una especie de tobogán de incertidumbre. Mientras a medidos del año pasado la preocupación era el incremento en los precios de las materias primas, hace meses que, la recesión global, y con ello la reducción de la demanda en los principales mercados del mundo, ha provocado disminuciones, en los mismos precios que antes dispararon las alarmas. De ahí que los que trazan las políticas fiscales y monetarias de los Estados han debido obrar con mucha cautela y moderación a la hora de tomar sus decisiones. Algunas naciones han pagado las consecuencias de malas y precipitadas medidas, pero ese no ha sido el caso de República Dominicana. El equipo económico del Gobierno, y de forma particular la Autoridad Financiera y Monetaria, han sido prudentes, y a la vez firmes y precisos en la toma de decisiones. Por eso pueden presentar variables macroeconómicas inmejorables en las actuales circunstancias, logrando mantener la confiabilidad de la económica dominicana, avalada por los organismos multilaterales y las agencias calificadoras de riesgo, y demostrada por los inversionistas nacionales e internacionales. Las restricciones monetarias impuestas a finales del año pasado implicaron sacrificios, pero tomadas a tiempo, ayudaron a mantener la estabilidad macroeconómica, y sobre todo a controlar el tipo de cambio e impedir inflación, que en ese momento era lo importante. Ahora, con la situación definitivamente cambiada, se revierten también esas medidas y se adoptan otras que buscan colocar la economía dominicana en condiciones de capear el temporal. La reducción de las tasas reguladas por el Banco Central y la liberación de 10,500 millones de pesos del encaje de la banca comercial, impactarán hacia la baja los tipos de interés, otorgando mayor capacidad de crédito a los sectores productivos. Pero como todo en economía tiene su costo, esa liberación de capitales deberá presionar el tipo de cambio, devaluando el peso. Y eso tampoco es malo. Este es momento para sincerar el tipo de cambio y devolverle competitividad a los sectores generadores de divisas. Ya que la deflación es evidente. Una devaluación cercana al 8 o el 10 por ciento no debe tener un impacto importante en el índice de precios, pero sí resultaría muy significativa para sectores que, como el turismo, las zonas francas o los exportadores, necesitan algún tipo de aliciente.

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