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Inversión social: pan, justicia y tierra

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Yvelisse Prats-Ramírez de PérezSanto Domingo

Para mí, no hubo disyuntiva, ni dudas: después de haber aplicado “la reversa” para situarme entre los perredeístas que decidimos no hacerle bulto al gobierno asistiendo a su cumbre, me honré con la invitación de hablar en la otra, la Cumbre Alternativa del Pueblo, y en ella estoy participando con orgullo. El eje temático que me tocó introducir en la reunión inaugural, en una biblioteca de la UASD atestada de gente, fue la inversión social, o gasto social, como prefieren llamarlo los economistas. Combatiente durante tantos años en las batallas interminables por alcanzar el 4% del PIB para el sector educación, me sentí especialmente motivada para hablar sobre el tema asignado, que para los gobiernos insensibles y conservadores como el peledeísta es sinónimo apenas de un asistencialismo limosnero, mientras que para Amartia Sen es “el instrumento idóneo para ejecutar las acciones correctivas frente a las inequidades sociales”. No se bien por qué, al sentarme a escribir mi exposición me vino a la mente uno de los lemas de la revolución agrarista mexicana: “Pan, justicia y tierra”. Metiéndose en la piel de mi vieja y archivada vocación poética, fui engarzando metáforas, quizá no bien acabadas, para acompasar mis juicios sobre la situación de la inversión social en mi país con los tres sustantivos del viejo lema que a lo mejor cantaba Adelita cuando se fue a la guerra con sus trenzas ondeando. El “pan” evoca con este caso, además del alimento que escasea por el costo de una canasta familiar que desborda con mucho los salarios de trabajadores formales y no formales, la ausencia de mercados populares, de incentivos a las cooperativas y fomento de pequeñas y medianas empresas que aliviarían la situación de los/las dominicanos/as. El pan que reclamamos, que no vemos por ninguna parte, es la voluntad política que como levadura debía hacer crecer la inversión social en República Dominicana, donde a pesar de ser el país con mayores desigualdades del continente, sólo un 7.2% del PIB se orienta a esa inversión, ¡Menos de la mitad del 15% del PIB que es la media en América Latina! La “justicia” que encarnó un tanto primitivamente Pancho Villa, la reclamamos en el Primer Eje temático de esta Cumbre Alternativa porque precisamente los propósitos de las políticas públicas sociales se fundamentan en ella, ya que la inequidad cubre como mancha extendida de aceite los barrios y los campos de la República: Los derechos humanos y ciudadanos son sólo trazos en los papeles legales, pero no se aplican universalmente, y por eso la justicia debe quitarse la venda, ver la marginación para que en su nombre se realicen acciones de discriminación afirmativas para los sectores desfavorecidos: porque como escuché de Amador M’Bow, “la justicia se basa en dar soluciones diferentes a problemas diferentes”. Hay que seguir luchando para que el sector educación reciba el 4% del PIB que le asigna la ley 66-97, en lugar del 2.2 que le asigna el presupuesto en 2009. Hay que seguir luchando para que el presupuesto del sector salud no siga rondando el 1% del PIB, sino alcance el 3% que es la media en América Latina; hay que seguir luchando para que el sector vivienda supere el escaso 0.4% del PIB que figura en el presupuesto de este año, y dedique al sector, en una alianza social con el sector privado, fondos suficientes para romper con el hacinamiento que es la muestra dolorosa de la falta de viviendas populares y que genera las semillas de la delincuencia. Hay que luchar, también, y persuadir para que se unan a nosotros todos los excluidos, porque el Sistema de Seguridad Social sea más solidario, menos tradicional, más abierto a cubrir a nuevos actores sociales. Pan, justicia, tierra. La tierra, el último elemento del lema que asumí para representar el eje temático de la inversión social, representa la advertencia admonitoria contra el modelo neoliberal, que desnacionalizó nuestros objetivos patrios, quiere despojar al Estado Nacional de sus poderes, y dio la espalda a la producción nacional, sobre todo en el campo dominicano metiéndonos en un modelo de economía hacia fuera totalmente volátil, como lo demuestra ahora la sacudida brutal de ese modelo. La tierra entonces, simboliza no sólo el ejercicio digno de la posesión de nuestros recursos y la redistribución de ellos, sino la esencia misma de nuestra identidad nacional. Pan, justicia, tierra. O, lo que es lo mismo, una inversión social que responda a los conceptos de desarrollo humano y a la cohesión social, y también, por qué no, si en la Cumbre Alternativa del Pueblo se invocó a Jesús al empezar y al finalizar el primer encuentro, a la opción preferencial por los pobres del Vaticano II y de Puebla que es esqueleto vertebral de las políticas sociales públicas y privadas. De eso se trata en la Cumbre Alternativa, de eso hablaremos en los talleres que se inician mañana en el Centro Bonó, y con estos temas, y en buena compañía, mi corazón recupera de nuevo la fe en un mejor futuro para República Dominicana.

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