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Unas líneas para despedir la gestión de Mirna Pimentel

Enfoque

  • Durante estos años, Mirna impulsó el gremio en los momentos de duda y desbalance, y sí, hay que reconocer que lo hizo nueva vez visible con una estrategia que combinó una narrativa institucional con la calidez humana.

Celeste Pérez.Víctor Ramírez/LD

Tras dos gestiones consecutivas al frente de la Asociación Dominicana de Cronistas Sociales (ADCS), la veterana periodista y comunicadora Mirna Pimentel cierra una etapa marcada por su entrega, su temple y una visión que, silenciosamente, pero con firmeza, aportó para fortalecer la esencia del gremio. Su propósito fue claro desde el principio: “devolver el brillo a la ADCS”, una frase que se convirtió en guía, meta y compromiso, entendiendo que representar a un gremio exige sacrificio, equilibrio y, sobre todo, amor por lo que se hace.

Durante estos años, Mirna no solo presidió la Asociación; vivió en ella y con ella cada día. Impulsó el gremio en los momentos de duda y desbalance, y sí, hay que reconocer que lo hizo nueva vez visible con una estrategia que combinó una narrativa institucional con la calidez humana.

No fue un camino sencillo, y ella misma lo reconoció: “Honestamente, hemos tenido que enfrentar con gran entereza muchas situaciones adversas, pero gracias a Dios y a mi equipo, pudimos concluir con resultados positivos que son testimonio de una gestión enfocada en favor del gremio”, refirió en su discurso de cierre.

Y así fue. Logró reposicionar la imagen corporativa de la ADCS, reconectar con aliados estratégicos, abrir espacios de participación y garantizar que la Asociación volviera a tener voz y presencia en escenarios de relevancia. Todo eso, sin dejar de cumplir con la agenda tradicional de actividades.

Y sí, como todo ser humano también se equivocó. Pero supo mantener la serenidad ante la crítica, ofrecer soluciones cuando otros solo veían problemas y sostener con firmeza el rumbo de una institución que celebra su 25 aniversario más fortalecida y respetada. En cada encuentro, en cada entrega, en cada evento, se notaba su sello y la dedicación que solo tienen quienes aman lo que hacen.

Dirigir un gremio requiere carácter para tomar decisiones, sensibilidad para escuchar y humildad para aprender. Y aunque, como ella misma admite, “no todas las decisiones fueron perfectas, pero si tomadas desde el deseo de aportar”, el balance de su gestión habla de compromiso, de resultados y respeto ganado a pulso. 

Es justo reconocer que Mirna sacrificó tiempo de su familia, su descanso y, muchas veces, su vida personal para materializar las acciones de su jornada. Hoy, al despedirse de la presidencia, Mirna no se va: su huella permanece en la historia del gremio. Permanece en los logros alcanzados, en los proyectos que impulsó, en la confianza que sembró y en la energía positiva que siempre la ha caracterizado. Sin duda, Mirna deja un legado que trasciende su gestión.

Hoy, más que una despedida, estas líneas son un reconocimiento a la mujer, a la colega, a la amiga. A esa profesional que, con temple, perseverancia y pasión, trabajó incansable con todas las herramientas que tenía a mano, y con el único interés de aportar a la crónica social. Y eso merece un aplauso.

¡Hasta el lunes!

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