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Tengo hambre…

CRÓNICA LIGERA

Ana Mercy Otáñez

Ana Mercy Otáñez

Al inicio de semana mi hermano Miguel Otáñez hizo un publicación en la red social Instagram que me llamó la atención y me provocó. Decía: “Tengo hambre… Una de las cosas que hacemos cuando tenemos hambre es buscar que comer para que se nos quite el hambre. Si tenemos hambre de otras cosas ¿Por qué no somos igual de intencionales y salimos a buscar eso? Mi respuesta fue: Yo también tengo hambre… De todo tipo, de comida, de antojos… Pero, sobre todo, tengo hambre de aprender, de conocer y de satisfacer mis inquietudes.

He aprendido que en la vida, hay una expresión que va más allá de la necesidad de alimentarse: "tengo hambre". Pero, ¿y si esa hambre no fuera por comida, sino por conocimiento, crecimiento personal y nuevas experiencias? Este es el tipo de apetito que impulsa a las mentes inquietas, a aquellos que ven la vida como una oportunidad constante para aprender, conocer y crecer, ¿estamos dispuestos a saciarnos?.

Aprender: Es el alimento del alma. Y esa búsqueda del conocimiento, es un viaje constante que no termina, que no tiene nada que ver con la edad, las condiciones sociales o la preparación profesional. 

El deseo de aprender nos motiva a explorar el amplio mundo del saber o simplemente nos ayuda a enfocarnos en temas y en áreas que nos importan. Se aprende de todo y de todos. De libros, de personas, del entorno, de conversaciones y cada experiencia se convierte en un banquete para la mente. Aquellos que tenemos hambre de aprender siempre estamos ávidos de descubrir nuevas ideas, entender diferentes perspectivas y adquirir habilidades que nos permitan enfrentar los desafíos de la vida.

La tecnología ha democratizado el acceso al conocimiento, brindando la posibilidad de aprender desde cualquier lugar. Hoy disfrutamos de plataformas educativas en línea, libros electrónicos y gratuitos, así como recursos multimedia que se han convertido en herramientas esenciales para los que deseamos satisfacer nuestra hambre de conocimiento de manera continua.

La curiosidad es el motor que impulsa el deseo de conocer. Quienes no hemos saciado esa hambre no nos conformamos con lo familiar, con lo cotidiano; exploramos lo desconocido, lo nuevo, disfrutamos de los viajes, amamos conocer nuevas personas, culturas, costumbres y tradiciones, por que se convierten en una oportunidad para ampliar nuestros horizontes y enriquecer nuestro punto de vista.

Crecer, es un desafío constante. El crecimiento personal es el resultado natural de aprender y conocer. Crecer no solo implica acumular conocimiento, sino también desarrollar habilidades, fortalecer la resiliencia y cultivar la empatía. El crecimiento personal implica superar obstáculos, aprender de los fracasos y celebrar los éxitos. Tener hambre de crecer es abrazar la noción de cada vivencia positiva o negativa.

¡Con Dios!

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