Crónica ligera

“Pero...”

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Ana Mercy OtáñezSanto Domingo

“La conjunción, pero, se usa para conectar dos ideas independientes”, es una facilidad al momento de hablar o escribir, sin embargo, hoy día, la conjunción, pero, es usada para desmeritar personas, marcas, empresas e instituciones.

Usamos una frase de elogio y de inmediato tomamos el “pero” para invalidar. “Juan es un buen político, pero su pasado es complicado”.

“Ese hospital es un excelente centro de salud, pero está mal ubicado”. La idea principal es desmeritar, pero nos amparamos en una fortaleza y nos apoyamos en un “pero” para resaltar una debilidad… Lo ideal es centrarnos en los atributos que hacen especial a cada persona o en los detalles que hacen a una marca diferente.

Pasa en cualquier lugar

He estado en lugares donde hablan entre amigos, compañeros de trabajo, familiares, colegas y, resaltan sobre estas cosas buenas, logros importantes, pasos de avances, vidas sostenidas en la coherencia y metas logradas, pero todo esto lo echan a perder con un “pero”.

Quienes así se expresan, hablan desde la arrogancia. Las reglas que sostienen el liderazgo no cambian ni se mudan, aunque han desaparecido en determinados entornos como aquellos hogares, donde los padres corrigen bajo el esquema de minimizar, en vez de resaltar; en las aulas cuando los profesores hacen ponderaciones vacías que no ayudan al desarrollo intelectual, en vez contribuir y aportar y en los lugares de trabajo donde los jefes siempre tienen la razón y sus colaboradores parecen fichas de parché que mueven antojadizamente, aunque es difícil, la regla es “elogiar en público y corregir en privado”.

Las palabras

He oído a padres hablar de sus hijos, por la forma que lo hacen, he llegado a creer que hablan de un enemigo; de igual modo, he oído a hijos hablar de sus padres y creo que describen a un tirano. La manera de criar, como el mundo, ha cambiado, pero sigue imperando que nuestros hijos aprendan de lo que ven en nosotros, de nuestras acciones, no de lo que le decimos.

Recuerdo una palabra que me marcó en mi niñez. “Resalir”, me la decían siempre, hasta que la busqué en el diccionario, leí y entendí su concepto, no era discriminatoria, quizás me la decían sin mala intención, pero me limitó.

Tengo una personalidad que no encajaba en la mentalidad de ninguno de mis padres, por tanto, recibía regaños por ser de tal o cual forma, de adulta sigo siendo igual, me paso de los límites y voy más allá de lo normal… Y eso es un atributo de mi personalidad! Para el cual muchos se entrenan y otros lo trabajan, solo para atreverse a romper sus propias barreras. ¡Las palabras marcan!

¡Con Dios!

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