Las Sociales

CRÓNICA LIGERA

¡Buen juicio!

Ana Mercy Otáñez G.Santo Domingo

¿Cómo desarrollamos el buen juicio? De las malas decisiones. Si! Es ahí que aprendemos a ser cuerdos, reflexivos y responsables. De las grandes experiencias que vivimos es de donde sacamos el aprendizaje que nos lleva a desarrollar el buen juicio. Hay quienes parecen traerlo de fábrica, incrustado en su solemne forma de ser. Otros, son las malas decisiones la que cumplen su propósito de enseñarnos algo, lo difícil es entenderlo en el momento y sacar conclusiones positivas que nos lleven al aprendizaje correcto. Son las lecciones de vida las que nos ayudan a crecer y madurar, con ello a desarrollamos el “buen juicio”, que nos es más que, donde impera la atención, la escucha activa y el desarrollo de capacidades que nos permiten reconocer nuestras emociones, entonces, al tomar una decisión, también valoramos sus consecuencias.

En la actualidad...

Es un principio de sabiduría el buen juicio, si lo vemos desde el punto de vista de la biblia. Investigadores lo definen como: “La combinación de cualidades personales con conocimiento y experiencia para formar opiniones y tomar decisiones”. Si algo hemos perdido como sociedad es: ¡Buen juicio! Después de la pandemia este parece que se fue de vacaciones, es una situación colectiva, lo vemos en el mundo laboral, empresarial y político. Lo sentimos en nuestro entorno familiar y laboral, pero donde de verdad creo que se ha perdido es en nuestros líderes, estamos dirigidos por hombres y mujeres individualistas que olvidaron su compromiso de trabajar por el bien común, para lucrarse. Tenemos dirigentes que muestran una actitud defensiva y muy agresiva, se creen “principes” intocables, olvidando que los verdaderos líderes no trabajan solos.

Recuerdo…

En mi mente aun retumba el término “buen juicio”, aprendí a oírlo en mi niñez, siempre venía acompañado de un regaño o llegaba tras una travesura, porque siempre fue usado en la frontera que existe entre los consejos y las correcciones. Lo oí primero de mi madre, más tarde de mis profesores. Gracias a Dios mi edad no me permitía detenerme en el análisis, tampoco lo vi como una etiqueta, lo que sí advertí era que yo parecía no llevar el camino tradicional de mis congéneres y aunque el término lo que implica, es ser sensible, discreta y racional en nuestro comportamiento, en el hablar y en nuestras acciones yo parecía ir en vía contraria, creyeron muchos. ¡No me marcaron, eso creo yo! Pero no olvido que somos el resultado de nuestras vivencias y muchas veces crecemos creyendo que somos lo que otros creen de nosotros o como nuestros padres, tutores o maestros nos tachan y no como en realidad somos. ¡Necesitamos más buen juicio!

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