Las Sociales

Crónica Ligera

El valor de desconectarse

Ana Mercy OtáñezSanto Domingo

Después de las vacaciones retomamos nuestros hábitos, volvemos a la rutina, sin embargo, desde mi punto de vista también significa empezar con nuevos aires, las pilas recargas y el brío de continuar con las acciones que nos llenan el alma. Las vacaciones, corta, medianas o largas son necesarias y es el “stop” más recomendado por los especialistas de la salud, debido a los aportes a nuestro cuerpo y mente. Las vacaciones nos permiten desconectarnos de la cotidianidad laboral, para conectar con el lugar elegido y disfrutar de las bondades que salimos a buscar, aunque nada es tan importante como descansar.

Todos deberíamos de hacer una programación regular que nos permita vivir en el balance correcto entre la semana agitada y el descanso de los fines de semana con el propósito de aumentar energía y renovarnos, pero estamos tan inmiscuidos en producir que nos olvidamos de nosotros y de nuestra salud, vamos tan rápido cumpliendo una agenda ajena que no cumplimos la nuestra. La zambullida profesional y los entornos sociales no llevan tan rápido que estamos enfocados en el final, lo que nos hace perdemos el show.

Renovarse

En los últimos tiempos he podido observar como la palabra renovarse suele ser muy bonita para enmarca calendarios, citas, mapas de sueños y hasta hashtag, sin embargo, me atrevo a preguntarles: ¿Cuántas veces has decidido renovarte? ¿Hasta dónde has cumplido con esa promesa? Algunas personas podrán responder que cada inicio de año, otras al cumplir un año más de vida y hay a quienes no le interesa renovarse y es válido, aunque no lo recomendado. La renovación debe ser constante, nuestros planes deben incluir un método de acción personal que nos permita saber cuándo la cotidianidad y los planes de otros se imponen a los nuestros; cuando el cansancio nos golpea o cuando nuestro cuerpo nos habla. De no hacerlo, mal vivimos, no sentimos cargados, cansados y aburridos, porque el estrés también mata.

Vacacones

Nada remoza más la mente, el alma y el espíritu que darle el descanso merecido. Un día en la playa, en la montaña, en el campo, en familia o sin hacer nada puede cambiarnos la energía y todo mejora dentro de nosotros. Mientras veamos las vacaciones como un lujo o un gasto y no como lo que nos merecemos no le daremos el lugar que le corresponde en nuestra vida. Irnos de vacaciones es la mejor acción de salud que podemos darle al cuerpo cuando necesita descanso, a la mente cuando pide paz y al corazón cuando le falta alegría. ¿Ya usted tomó sus vacaciones este año?

Con el favor de Dios nos leemos la próxima semana.

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