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Volver a las aulas… ¿será igual para todos?

En marzo del 2020, cuando se cerraron las aulas por la pandemia del Covid-19, en mi casa, como en muchos hogares, nos enfrentamos a la incertidumbre y el temor de no saber manejar la situación para que nuestro hijo, pre adolescente, viviera el proceso de la manera menos traumática posible.

Confieso que pensé que sería una pausa de tres o cuatro semanas. Cuando la pandemia agudizó y se convirtió en tema de preocupación mundial, también enfrentamos la ansiedad que causa el desconocimiento, y cada día tuvimos que responder preguntas sin la certeza de estar diciendo lo correcto.

Una etapa difícil

El año escolar terminó, pero inició el siguiente bajo la misma estructura. Es cierto que la tecnología aseguró que los estudiantes recibieran algún tipo de educación, pero el acceso y la calidad dependía de los recursos individuales, y no es un secreto que en República Dominicana la distribución es desigual.

Nos vimos obligados a aumentar el plan de pago del servicio de Internet, a crear un espacio en la casa para que nuestro hijo pudiera concentrarse y a inventar decenas de dinámicas para mantenerlo motivado. Un día mal, otro peor, a veces entusiasmado, pero otras no quería levantarse. Una etapa que concluyó con importantes aprendizajes para los alumnos, los estudiantes y los padres.

De vuelta

“Extraño ponerme el uniforme, cantar el Himno Nacional, salir a recreo”, era una lamentación común en el tiempo de almuerzo. Ahora que ya tenemos fecha de regreso para esas actividades, no sé cómo será el proceso.

La noticia de que el año escolar que se aproxima será presencial, no deja de preocuparme, este regreso tiene un nuevo significado. Al volver a abrirse, los centros educativos deben equilibrar las necesidades educacionales, sociales y emocionales de sus alumnos junto con la salud y la seguridad de los estudiantes y el personal, cuando aún seguimos viviendo las consecuencias de la pandemia.

Estoy convencida de que nada reemplaza lo que se construye en el espacio presencial de las aulas. La escuela es mucho más que asimilar la lección de un libro asignado. Allí aprendes a manejar las frustraciones, a perdonar, a compartir, a ser empático, a saludar, a manejar el miedo escénico, y cultivas amistades y recuerdos que te acompañarán para toda la vida.

Ahora, la pregunta es, ¿qué tan preparadas están las instituciones educativas para un regreso en condiciones seguras? Lamentablemente no todos los estudiantes regresarán en la misma forma. Los centros privados y los públicos tienen diferencias abismales en sus presupuestos para implementar protocolos, a lo que se suman las brechas entre los recursos de las escuelas urbanas y las rurales. Solo nos queda pedir que Dios proteja nuestros hijos.

¡Hasta el lunes!

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