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CRÓNICA LIGERA

El dulce camino de perdonarnos

Ana Mercy OtáñezSanto Domingo

Nunca entendí sobre este tema hasta que la vida me llevó por el camino del verdadero dolor…ese que se siente dentro y profundo y que nos marca. Un día, decidí hacerme un análisis interno, sincero y lleno de madurez que me llevó a evaluarme y a entender cada una de mis decisiones a lo largo y ancho de mi vida, comprendí el valor de las mismas, de las acertadas y de las estúpidas.

\El camino de la vida no es sencillo, está compuesto por aciertos y desaciertos, que nos pueden conducir a equivocarnos, fallarnos y herirnos a nosotros mismos, no obstante, todas las experiencias forman parte del proceso y es inevitable en los humanos no cometer errores.

Tanto el éxito como el fracaso, son condimentos que nos convierten en las personas que somos. Para avanzar es necesario aceptarnos y perdonarnos, pero sobre todo aprender que para conseguir cualquier objetivo que nos propongamos es obligatorio sentir profunda y verdaderamente que lo merecemos. Cuando damos mayor importancia a nuestros fallos, cuando no logramos integrarlos como parte de nuestra historia, la culpa puede afectarnos a tal punto de estancarnos y paralizarnos.

El perdón es liberador

Nada es tan difícil como perdonarnos, porque es cuesta arriba no justificar nuestras acciones o decisiones y más sin son erróneas. Solemos aferrarnos al dolor y todos sus derivados, creyendo que es una penitencia hacia lo que hicimos, sin embargo, la única persona que sale herida somos nosotros mismos al negarnos el perdón y simplemente aceptar el error.

Nos llenamos de veneno, nos tildamos y nos juzgamos como si fuéramos Dios. No podemos volver atrás el tiempo y cambiar todo lo sucedido, nada ganamos con seguir señalándonos y reprochándonos, porque eso solo nos sumerge en el sufrimiento y nos impide continuar nuestro camino. La culpa, no trabajada es el sentimiento más inútil que existe, porque no nos alivia, nos enferma y nos somete al dolor.

Discúlpate contigo mismo por no haber sabido enfrentar tal o cual situación, ofrécete ahora todo el amor propio que no has podido darte. Pídete perdón las veces que sean necesarias, hazlo desde el corazón, reiníciate y comienza de nuevo, entonces emprenderás el camino del disfrutarte… ¡Libertad!

Ya luego, recompénsate.

Perdonarse a uno mismo es avanzar. Nada logramos culpándonos de cosas y situaciones pasadas que no podemos revertir, lo pasado ya tiene su lugar. Perdonarnos es renacer y darnos una nueva oportunidad de vivir una mejor vida, plena y libre.

Uno de los avances personales más interesantes que he experimentado y que lo aplico como un derecho es el caerme y levantarme, saber que puedo tomar decisiones equivocadas y aprender de ellas, sin crucificarme. Hace mucho que sé que mis errores no me definen, como los asuma sí. Por eso me acepto, me perdono y continúo sin estorbo. ¿Tú, ya te perdonaste?

Con el favor de Dios nos leemos la próxima semana.

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