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Las Sociales viernes, 10 de julio de 2020

Crónica Ligera

Saber ganar, perder… y aprender

  • Saber ganar, perder… y aprender
Ana Mercy Otáñez
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De alguna forma la vida nos ha enfrentado a situaciones en que hemos ganado o  hemos perdido, es lo más natural, aunque todos sabemos que es sumamente difícil aceptar cuando perdemos; sin importar sea en una contienda profesional, en una competencia deportiva o en una batalla de salud, porque todos estamos entrenados para ganar.

Cuando alcanzamos una meta desde niños nos enseñan a celebrar, es ahí cuando el corazón salta, el cuerpo se mueve y la cara destila un sin número de emociones que casi siempre se pueden resumir en risas o en llanto  de felicidad, porque cada vez que emprendemos un proyecto, vamos por una posición laboral o asistimos a una disputa política, lo único que deseamos es ganar… Nadie, aunque lo exprese en palabras bonitas o en el marco de un importante consejo está preparado para perder, sus gestos y expresiones lo delatan, porque en el contexto de la euforia no nos formamos para que los resultados no sean como esperábamos, lo sentimos más cuando hemos invertido tiempo, dinero, sacrificios y pasión.

Ganar

Cuando has invertido todo por un sueño nada resulta más importante que llegar a la cúspide de la meta. Entonces, destilas por los poros el néctar de la satisfacción y la felicidad. Nada fortalece más nuestro amor propio cómo ganar. Todo el que ha ganado aunque sea un juego de bolita, sabe que el alma alcanza un estado sublime cuando vencemos todo los obstáculos y conseguimos el premio. Nadie ha podido identificar si las mariposas que bailar en nuestro interior por bienestar están en el corazón o en el estómago, porque ese es el reconocimiento  al esfuerzo y  la recompensa del sacrificio. ¿Dónde está el error? En qué mal manejado, puede nublarnos el corazón y conducirnos a una derrota.

Perder

No hay dolor más significativo que el de los golpes de una derrota. Esos que se sienten en todo el cuerpo y que nos llenan de culpas. Hay que tener un alto grado de humildad para reconocer los fracasos, para nadie es fácil aceptar la superioridad del otro. Sin embargo, perder, no es tan malo. Una derrota bien asimilada puede ser la oportunidad para autoanalizarnos, encontrar los errores, mirar las fallas y saber por dónde comenzar. Lo primero, es sanar. Sacar el rencor, el dolor y el odio de lo más profundo de nuestro ser, para entonces admirar las virtudes de los demás... Luego, debes encontrar el camino que nos condujo a perder, solo desde ese escenario podemos inspeccionar los errores cometidos, estudiar y analizar las estrategias mal planteadas, valorar el entorno, mirar a los verdaderos amigos que aún permanecen a nuestro lado y entonces habremos encontrado el mejor momento para arrancar de cero y reinventarnos de nuevo.

Beneficios

Si de algo he aprendido ha sido de mis derrotas. Ganar y perder tienen grandes beneficios para el alma, es un arte que requiere de obediencia y gallardía, pero sobretodo de mucha humildad ante Dios. Duele más cuando pierdes lo irrecuperable, pero es ahí donde desarrollamos nuestra personalidad y descubrimos quienes somos. Cada quien debe sacar un aprendizaje de sus derrotas, sino en el futuro volverá a vivirlas. (Haga un stop aquí y piense en sus relaciones amorosas…y sus repeticiones).

Saber perder nos convierte en personas ganadoras. El mayor triunfo que podemos vivir, es estar satisfechos con nosotros mismos y ser felices con lo que tenemos, es encontrar las razones que a diario nos inspiran, nos impulsan y nos ayudan a abrazar la causa que nos desafía. Porque al final, cuando pasemos balance encontraremos la verdadera grandeza en nuestro accionar, en lo que sembramos y en las puertas que abrimos y en las enseñanzas que pusimos a disposición de otros… Cualquier tipo de  ambición y poder lo único que deja es soledad.

No busque ganancia en lo material, que como llega se va… La satisfacción es del alma y la felicidad del corazón…

Te puede vencer el Estado…Te puede destruir el poder… Porque nada es tan doloroso cómo cuándo es el pueblo que te derrota...

Con el favor de Dios, nos leemos la próxima semana.