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El miedo escénico

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Lissette Selman / Especial para LISTÍN DIARIOSanto Domingo

Ese temor que nos atrapa de solo pensar que hemos de exponernos frente a un público es más común de lo que se imagina. Esencialmente e intentando pensar positivamente, proviene del interés de hacer un papel digno y a la altura de las circunstancias; sin embargo, lo que subyace en el interior no es más que la falta de confianza en nuestras capacidades y recursos. La formación, el entrenamiento y la constante exposición nos ayudan a comprobar que las limitaciones están en la mente.

El miedo ha sido desde siempre el arma más poderosa con la que manipular al ser humano; lo han hecho las religiones, los políticos y los hábiles malintencionados ante las mentes débiles. El temor al ridículo es dudar de nuestras capacidades, aptitudes y encantos personales y, créame, todos tenemos algo que decir, algo que mostrar.

REEDUCARNOS EN LA RESPIRACIÓN Salvo que usted estudie canto, locución o haya aprendido a meditar, seguro respira de forma instintiva y no consciente; por tanto, toma aire por boca constantemente. Al hacerlo provoca numerosos perjuicios a su cuerpo, mente y espíritu; entre otras cosas, absorbe partículas y bacterias en el ambiente, reseca su boca y se fuerza a hacer pausas donde no debe, lo que le llevará a no modular adecuadamente, expulsará el aire desde la garganta y no desde el diafragma, aumentará su ansiedad y, por supuesto, estará en peligro de perder el control si está frente al público.

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